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¿Alguna vez te has cuestionado por qué a veces la vida se ensaña con las personas que menos se lo merecen?

Como cuando a tu amiga más delicada es a la que le toca un pelo en la comida. Cuando el más necesitado se queda sin trabajo, al que odia los animales le pican los zancudos, al obsesivo con la limpieza se le mancha la camisa, el que cuida mucho sus cosas, llega alguien y se las descompone. Cosas tan simples como el que le tiene fobia a los aviones y cuando vuela le toca mal tiempo y sufre con la turbulencia. 

Lo primero que se nos viene a la mente es lo injusta que es la vida o hasta podemos culpar a Dios por mandarnos situaciones que nos quitan la paz. Incluso podríamos pensar que es el karma, pero ni la gente buena se salva de las tragedias.

Te tengo buenas noticias. Hay una razón por la que vivimos experiencias que nos hacen sufrir y sí existe la manera de erradicarlo.

Recordando que la única razón por la que estamos aquí es para aprender a ser felices, la vida nos pone a prueba ante situaciones que nos generan conflicto para tomarlas como oportunidad para aprender a serlo. 

Así que más nos vale empezar a ver todo lo que nos quita la paz, para aprender la lección y no tener que pasar por el proceso de vivirlo una y otra vez, hasta que nos demos cuenta que podemos ser felices  independientemente de la situación.

Para facilitarnos este proceso, Gerardo Shmedling dejó una lista con 4 grandes aprendizajes. Si los llevamos a cabo podemos reducir en un gran porcentaje las pruebas difíciles. 

1. Reconocer y valorar el opuesto positivo. Por ejemplo, si estás ante una situación de enfermedad, lo que necesitas es reconocer y valorar la salud; si estás ante una situación de violencia necesitas reconocer y valorar la paz. Si estás ante un jefe que te grita, reconoce y valora al que habla amorosamente.

2. Que yo exprese el valor y no cometa el error. Por ejemplo, si los demás gritan, yo no grito; si critican, yo no critico; si cometen errores, yo aprendo de ellos y no los cometo; si pelean, yo no lo hago.

3. Amar al otro y aceptar su derecho al error, no importa si yo ya sé. Entendamos que todos estamos en la misma escuela de la vida, pero no todos en el mismo grado. Todos vamos a hacer la misma travesía solo que cada quien a su paso.

No podemos pretender que todos estén en el mismo grado que nosotros y mucho menos hacerles la tarea por que entonces estaremos interfiriendo en su aprendizaje y, en vez de ayudarlo, lo perjudicaríamos. Es como si tú ya vas en tercero aprendiendo a dividir y te topas con alguien que apenas va en primero aprendiendo a sumar y restar. 

Recuerda que tú también pasaste por ahí y tuviste que aprender a base de errores para poder llegar a donde estás. 

Que yo ya haya aprendido a ser honesta no significa que el otro no tenga derecho a no serlo. Se nos olvida que el curso que yo ya pasé sigue existiendo y somos intolerantes al error del otro. Es como si creyéramos que el otro tiene que ser mínimo tan perfecto como yo. Amar al otro significa comprender que está aprendiendo y que tiene derecho a no saber.

4. Desapego. Yo no necesito de nada ni de nadie para ser feliz. Cuando tu crees que tu felicidad es tener pareja, necesitas no tener una para que te des cuenta que puedes ser feliz sin pareja. Cuando crees que necesitas un carro para ser feliz, te corresponde no tenerlo. 

Si crees que necesitas de un marido que te mantenga, la vida te va a dar uno que no pueda hacerlo para que aprendas que tu felicidad no depende de eso. Entonces, si estás sintiendo que estás apegado a algo o alguien, comienza a desapegarte. 

Todas las personas que están en nuestra vida están para que disfrutemos de su compañía y nos apoyemos en este camino de la felicidad, pero no para que mi felicidad dependa de él o ella. 

Ante cualquier situación que vivas, checa cuál de los 4 aprendizajes te corresponde aplicar, si aprendes, estarás listo para avanzar y no tendrás que volver a repetirlo. Es igual que cuando pasas una materia en el colegio y te quedas con el conocimiento para entender las que siguen.