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El ruido de la amenaza

Llega un momento en el que el silencio resulta ensordecedor. Llega un momento en el que el silencio de todas aquellas mujeres acosadas por Harvey Weinstein genera una reacción en cadena similar a la del proceso de una detonación nuclear. Llega un momento en el que la Pangea del modelo democrático de un país caduca, […]

Llega un momento en el que el silencio resulta ensordecedor.

Llega un momento en el que el silencio de todas aquellas mujeres acosadas por Harvey Weinstein genera una reacción en cadena similar a la del proceso de una detonación nuclear.

Llega un momento en el que la Pangea del modelo democrático de un país caduca, y no sólo eso, si no que el proceso de ruptura es tan doloroso que surgen fragmentaciones al interior cómo expresiones de agonía, desesperación y nerviosismo.

El problema está en que esas expresiones toman forma y fondo. Se manifiestan y se traducen en amedrentas de quienes creen tener el poder y en realidad tienen todo menos eso. Son aquellos que deciden pelearse con la realidad; ya lo dijo el maestro Joan Manuel Serrat, no es que sea triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

El periodismo, los opinólogos –como éste que vomita ideas y opiniones sin pretender ser dueño de la razón-, así como todos aquellos que no tienen más que su voz son los primeros en sufrir las consecuencias del terremoto generacional y de modelo político.

Todos caben en éste nuevo modelo de nación escribió John Hay sobre la insistencia de Abraham Lincoln sobre la proclamación de emancipación.

Sin embargo, cuando uno amenaza no sólo sin cumplir, sino antes de analizar el futuro, y en nombre de quienes muy probablemente estén justamente reflexionando sobre su posición en el porvenir, cometen el error de minar el camino de los suyos a un lugar en el México del mañana.

Existen muchos historiadores que se preguntan que hubiera sido de Europa, del país más poderoso de la tierra- Estados Unidos- sí Adolf Hitler hubiera sido más paciente. Porque como lo revelan diversos documentos, pero en específico el diario del embajador soviético en Londres en aquellos tiempos, Ivan Maiski; Churchill pese a toda su retórica sobre el rearmamento alemán, realmente considero aliarse con la Alemania Nazi, a fin de evitar la guerra.

El mismo diario revela que fue la desesperación y ultimadamente la amenaza de Hitler a Churchill, la que definió los antagonismos de la Segunda Guerra Mundial.

Y es que fue una especie de error, cómo la que para colmo de su padre, George Walker Bush cometió con la guerra de Irak al delinear que o los apoyabas o estabas en contra de ellos.

Lo cuál sentó precedente para una desbandada de países que originalmente, silenciosamente lo apoyaban. Hoy, todos los países que apoyaron el cambió de régimen en Bagdad no sólo se arrepienten si no que continúan sufriendo las consecuencias de haber apoyado.

Por eso en tiempos tan turbulentos, en un cierre de año repleto de ansiedades como diría el mesías de Macuspana, hay que serenarse. No podemos tener a un país en el que al tiempo en el que arrestan a los operadores financieros de ex dirigentes priistas, los amos de la comunicación social de las dependencias de seguridad cómo la Comisión de Seguridad Nacional o los supuestos operadores de gobernación se dedican a hablar sin decir nada.

Y es que no hay nada más brutal que este momento y esta campaña, lo impredecible de nuestra época, la hoguera política de nuestra era nos ha traído sorpresas como aquella que The Washington Post le propinó a Nixon, o aquella desilusión peruana en la que un hombre mayor con pinta de bonachón que nado contra corriente para ser presidente está a punto de ser destituido y luego está la secuela de Obredecht, que no sabemos bien a quién dejara tirado en el camino o le regalará un jumpsuit naranja. Nadie, ni ningún nivel está exento, haga usted un pozo de agua, un macrolibramiento vial o gane por azares del destino una ronda de licitación de hidrocarburos.

Hoy la inteligencia, la libertad de expresión y lo inevitable de la viralización es una realidad de la cual no podemos huir. El ruido, ya sea el de la amenaza o el reclamo a veces no se escucha, pero lo que si se siente son las acciones. Al tiempo.

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