En las empresas productivas del Estado ya se esperaba un balance preocupante al cierre de 2021, tomando en cuenta lo cortes trimestrales, pero finalmente el cierre del mes de febrero confirmó las cuantiosas pérdidas, tanto de Petróleos Mexicanos (Pemex), como de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en el acumulado del año anterior.

Los dos emblemas con los que el Gobierno de la autodenominada “4T” pretende, al menos en el discurso, basar su transición hacia la autosuficiencia energética acumularon pérdidas cercanas a los 320 mil millones de pesos en el año pasado.

En el caso de Pemex las pérdidas netas, según sus informes financieros fueron de 224 mil millones de pesos, mientras que en el caso de CFE, estas fueron de 95 mil millones.

A pesar de que no es el primer año que se generan pérdidas, sí llama mucho la atención que la situación no cambia a pesar de los esfuerzos para mantenerlas a flote, sobre todo, los financieros. Lo que termina generando una importante carga presupuestaria para las arcas públicas. Y ni qué decir en materia regulatoria, con actores como la Comisión Reguladora de Energía actuando de manera parcial para favorecerlas.

Diversos organismos de la sociedad civil y especialistas han señalado puntualmente las prácticas que impiden el mejor funcionamiento de las empresas, aunque eso sí, la iniciativa de reforma al sector energético no parece ser la mejor idea en este momento, visto lo visto.

Un dictamen lejano

Tras la conclusión de los foros de Parlamento Abierto para la discusión de la iniciativa de Reforma Eléctrica el 28 de febrero pasado, lo que sigue, en teoría, es que las comisiones de Energía y de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados hagan un profundo análisis de todas las aportaciones que se hicieron a lo largo de las 26 mesas por parte de 135 ponentes para enriquecer la propuesta enviada por el Ejecutivo federal.

Hay que remarcar que todo esto es un supuesto, pues si bien se puede considerar al ejercicio de Parlamento Abierto como un éxito por la pluralidad de las ponencias y por la buena organización, lo cierto es que en el terreno político aún hay diferencias importantes entre las distinta bancadas como para que realmente se aproveche esta experiencia a la hora de aterrizar un dictamen.

¿Y si el sector duro de Morena mantiene su postura de no cambiar ni una coma de la redacción de la iniciativa original?, ¿y si la oposición se niega a acompañar un dictamen si no se cumplen todas las demandas?, ¿de qué habrán servido realmente los foros?