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Opinión
Celuloide

“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las huellen con sus patas, y volviéndose os despedacen”

Mateo 7:6

Ni una semana lleva el estreno de La casa de las flores y México se vuelca en las redes sociales con memes, retos y demás parafernalia en torno a esta supuesta “serie” que es una telenovela más que se agrega a las filas de Netflix.

Así como en su momento Ingobernable, luego El Chapo y la recién acabada Luis Miguel, el servicio de streaming dio en el clavo para seguir cautivando al mexicano promedio que no abandona el gusto (culposo o no) por el melodrama con el que Televisa maleducó a los televidentes durante décadas.

El trabajo que Manolo Caro —creador de la serie protagonizada por Verónica Castro— había hecho previamente con sus largometrajes, que aunque rayaban en explotar igual arquetipos y situaciones de relativa cotidianidad en este país tercermundista, tenía un gramo más de dignidad que lo que ahora realizó en pantalla chica.

¿En verdad el público mexicano ha evolucionado o es que acaso sigue siendo el televidente que añora al Chavo del 8 o María la del Barrio y ahora cambió a una plataforma distinta?

Es claro que en este mundo globalizado hay propuestas que retan a la imaginación de quienes consumen series, el contenido está ahí, pero como la publicidad inunda las calles con panorámicos, parabuses y demás anuncios de La casa de las flores, eso es lo que hay que ver para también “estar a la moda” y tener de que chismear en Facebook.

Mientras la familia De La Mora se enreda con la doble vida que llevaba el hombre del hogar y demás problemáticas superfluas en La Casa de las flores, quienes quieran en verdad desafiar su emocionalidad y cuestionar la realidad, pueden brincarse al vecino incómodo de Netflix para darse un lujito de lo que sí es una producción con calidad.

Pasada desapercibida como el estreno de verano, en HBO está Sharp Objects, miniserie dramática basada en el libro del mismo nombre de Gillian Flynn (¿Alguien recuerda Perdida?) y protagonizada por Amy Adams.

En este programa que está por llegar a su recta final (el octavo episodio se transmitirá el 26 de agosto) la periodista Camille Preaker (Adams) vuelve a su natal Wind Gap, Missouri, para investigar un doble asesinato de unas jovencitas, mientras que tiene que lidiar con su alcoholismo y sed por autolesionarse con elementos punzocortantes.

Además de capotear la ácida relación que lleva con su madre, Adora Crellin, quien guarda las apariencias de que todo está bien entre las dos, pero al interior de la residencia se vive un infierno mordaz.

Entonces, ¿seguimos con pan con lo mismo o vamos tras un gusto delicatessen?


* Esta opinión no refleja la del periódico

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