Están ahí en las calles, como otro poder fático más. Tan corrupto y tan vicioso, como el propio gobierno.

La CNTE, nacida en 1979, sin duda uno de los grupos disidentes más importantes y mejor organizados, se ha manifestado en contra de la reforma educativa. O como algunos líderes mencionan, en contra de algunas leyes que contempla dicha reforma.

Se muestran en descontento por no ser escuchados con seriedad. Declaran que han pasado 3 meses de juntas en sus diferentes secciones y entregaron a la secretaría de Gobernación el pasado 8 de mayo, un escrito con sus demandas. Mismas que los diputados declaran no haber recibido, lo que ha generado un descontento que ha dado pie a esta gran manifestación en la Ciudad de México.

Vivimos en una sociedad en la que buscamos democratizarnos. Los países occidentales, a diferencia de los orientales, hemos encontrado en la manifestación nuestra manera de pelear contra los poderes fáticos y trabajar hacia una democracia “real”. 

En México, estos poderes nos tienen secuestrados. Hacen de la impunidad su arma para trabajar por sus propios intereses, y hacen de la corrupción la forma de amasar fortunas.

Como mexicanos deberíamos manifestarnos sobre los atropellos a los que somos sujetos todos los días, pero no lo hacemos. En su derecho a reclamar, la CNTE hace lo que todos deberíamos estar haciendo. 

Sin embargo, sus manifestaciones tiene un problema de fondo.

En resultados ya publicados sobre el desempeño de la educación en México, como el Índice de Progreso Educativo (IPE), se encuentran Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Durango como las entidades con menor progreso en educación.

De estos, Oaxaca, Guerrero, Chiapas y parte de Veracruz forman parte de los grupos que forman la CNTE.  Esto descalifica a estos manifestantes que no se presentan con las mejores cartas de ser los mejores maestros. Trabajo por el que cobran a la nación recursos que salen de nuestros impuestos, por lo que toda la sociedad tenemos también el derecho de reclamarles su trabajo y pedirles cuentas.

Sumando a esto tenemos que analizar, ¿qué piden?:  piden más agua para su molino. Sus reclamos no son sobre la educación, sino sobre sus propios intereses. 

“Se declaran en desobediencia y rebeldía educativa y social”. No se declaran en contra de la corrupción. Para que aumente el gasto en educación. Para que haya horarios ampliados en todas las escuelas de México y nuestro país salga de estar reprobado.

Están ahí para pelear por su propia corrupción. Para defender menos días de trabajo. Para defender mantener sus puestos vitalicios y cobrar por ellos. No quieren que nadie los evalúe, quieren ser los intocables.

Están ahí en las calles, como otro poder fático más. Tan corrupto y tan vicioso, como el propio gobierno.

Tantas cosas por las que necesitamos luchar. Y el único grupo que demuestra estar bien formado para poderlo hacer sale tan mañoso como todos los demás.

Un mal augurio para los que creemos que el futuro de México se encuentra en su pueblo, y en la manifestación una herramienta necesaria.