Con la renuncia de Alexis Tsipras como Primer Ministro de Grecia, la nación helénica vuelve a estar en el ojo de la prensa internacional. La turbulencia política griega se vuelve de nuevo una amenaza para el futuro de la unión monetaria en Europa.

Y aunque el futuro es incierto, la dimisión de Tsipras era previsible, sin embargo la sola confirmación de este hecho prolongó el periodo de bajas en los diferentes mercados accionarios. Es solo un ejemplo más de la política siendo un factor decisivo en la economía global.

Lo cierto es que la política es solo un reflejo del arreglo de prioridades de una sociedad, cuando una colectividad es desordenada, es difícil trazar una agenda efectiva en esta materia. 

Es complicado que el magnetismo personal de un líder se combine con prudencia y voluntad política y se logre un arreglo institucional que lleve a un sano crecimiento.

En este sentido, se equivoca Angela Merkel en pensar que es el principio de una solución para Grecia, la renuncia de Alexis Tsipras. Parece optimista de su parte pensar que el resultado favorecerá a la causa de la austeridad como medio para salir de la crisis.

Después de todo es el mismo electorado que votó por Syriza hace 8 meses y dio un voto en contra a la austeridad en el referéndum de hace escasos  dos meses. Es difícil pensar que dentro de un mes votarán por una alternativa que esté en pro del euro y de la agenda económica trazada por la troika.

Los griegos tienen un reto importante como sociedad. Deben ordenar sus prioridades y darle un mandato claro y contundente al nuevo gobierno, después de todo están a punto de tener tres Primeros Ministros en un lapso menor a doce meses.

Sería muy ingenuo pensar que después de las elecciones del 20 de septiembre, se obtendrá un resultado favorable para todos y dejarán de ser los griegos el centro de atención. La raíz de estos problemas es profunda y requerirá de tiempo y mucha voluntad política.

En México la situación no es tan grave, pero tampoco va en una dirección distinta. La popularidad de Enrique Peña Nieto parece ir en picada y aun así no surge una alternativa de solución diferente con un nivel de aprobación robusto.

Las elecciones intermedias eran una oportunidad inmejorable del electorado de enviar una señal clara de que un cambio de rumbo es necesario. Salvo el caso de Nuevo León y Michoacán, esto no sucedió. El PRI retuvo la mayoría de los estados donde ya gobernaba y ganó uno más.

Por más que haya demandas de errores puntuales cometidos por el ejecutivo federal, el desorden de la sociedad y sus prioridades no permite tener una alternativa clara. Esto causa pesimismo en el público inversionista y en las perspectivas sobre el país.

Nuestra economía tiene enemigos viejos y conocidos, que no parecemos vencer. La pobreza, la inseguridad, la productividad laboral, el bajo nivel educativo, son problemas que no hemos acertado en abordar de manera efectiva.

La economía es la ciencia que estudia la escasez y los medios a través de los cuales una sociedad hace frente a este fenómeno. La política es el medio a través del cual una sociedad gestiona su arreglo institucional. Si no hay sintonía en estas dos materias, es muy difícil tener buenos resultados.