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Opinión
Nacional
Puntos sobre las íes

Una serie de altos cargos, todos ellos decisivos, se tendrán que definir durante este mes de septiembre en el Senado de la República.

Desde el presidente del Instituto Federal de Telecomunicaciones hasta distintos consejeros de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad.

Todo eso se decide en nuestro Senado. Sin embargo, ahora el país cambió y los juegos políticos hacen que los presidentes de los partidos dejen de manifiesto que una cosa es lo que le conviene a un candidato, posible candidato, y otra cosa es lo que le conviene a México.

El Senado se ha ido convirtiendo en un organismo cada vez más importante. Y no es porque los diputados tengan una vigencia de tres años y los senadores de seis, sino porque al final aunque el poder del Congreso es inmenso al ser el encargado de aprobar las leyes, el Senado tiene la facultad de ratificar los nombramientos y entre ellos los más importantes son aquellos que tienen que ver con las reformas estructurales.

El comisionado presidente del IFT, Gabriel Oswaldo Contreras Saldívar, tan importante, tan clave, tan amigo de Humberto Castillejos, es una persona que ha salido de la nada y fue alcanzando poco a poco una notoriedad que ahora en el año en el que el gobierno puede cambiar, seguramente tendrá un papel más determinado.

Pero entre todos esos nombramientos sin duda alguna el más importante es el del fiscal general del Estado, no sólo porque tiene encomendado algo que en nuestro país no existe que es la credibilidad hacia los procesos de investigación, sino porque también le toca ser el responsable de la anticorrupción.

Y en ese sentido, es conveniente dedicar especial atención a esa designación, porque al final del día soy de los que consideran que lo más importante del aparato estatal de un país es la conformación de las instituciones.

Sin embargo, lo que lamento es la intervención de la política y de todos aquellos a los que se les deben esos nombramientos en cargos tan importantes como el fiscal general y el comisionado presidente del IFT.

Un país sin instituciones es un país destinado a desaparecer. El balance de los poderes se basa en las instituciones.

Y en ese contexto el Senado tiene toda la responsabilidad de cimentar, crear y estar por encima de las pequeñas miserias, a fin de fortalecer al aparato institucional que nos permitirá conformar algún día un país en el que sea posible confiar.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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