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Opinión
Índira Kempis

¡Qué título tan fuera de lo “normal”! Me lo tuve que aprender de memoria desde hace cuatro meses. Después de conversaciones que durante tres semanas iban y venían entre Alfonso Martínez y Gabriel Todd (ambos consejeros del Observatorio de la Calidad del Aire).

Para los primeros días de diciembre lo habíamos decidido: sí, advertimos desde hace años que hay crisis ambiental. Sí, estamos respirando veneno. Sí, estamos desesperados.

Y, ¿luego? “¿Por dónde empezamos Alfonso, Gabriel? La respuesta fue “modificar la norma que tiene que ver con la calidad de las gasolinas y que le corresponde a la Comisión Reguladora de Energía”.

El equipo legal de mi oficina (que hemos convertido en un laboratorio legislativo al que llamamos cariñosamente “La 22”) redactó un punto de acuerdo que exhorta a la CRE a hacer las respectivas modificaciones que tienen que ver con la volatilidad y las zonas geográficas de la gasolina.

Vinieron el presupuesto, la Guardia Nacional, los relevos en la Suprema Corte y esto parecía imposible de salir adelante. Subí la primera vez a tribuna en ese diciembre con una máscara industrial. Pero, como de costumbre, (una maldita costumbre), nadie lo peló.

La crisis de la calidad del aire revienta cada día las neuronas de más de uno… Así que es innegable que las protestas llegarían como llegaron hace algunos años. Los niños y niñas salieron a la calle con valentía propia de quien ya no soporta más.

A esta lucha de décadas el tiempo nos dio la razón, pero no la esperanza. A esta causa ante el frenesí de la búsqueda de respuestas y la exigencia ciudadana, se sumaron Víctor Fuentes y Samuel García. Y es que respirar es un acto tan humano que a todos y todas nos afecta. Lo que menos podríamos hacer era quedarnos de brazos cruzados.

De hecho, tiempo después de mi punto de acuerdo, salió el de Diputados con Hernán Salinas y hace unos días el del Congreso del Estado de Nuevo León por medio de Ivonne Bustos.

Para la tarde del jueves ya eran dos puntos de acuerdo en el mismo sentido en el pleno del Senado. Las tensiones por la terna de la CRE nos dejaban un poco a la deriva. Con todo y máscara (esta vez una como las que se usan en China para actividades cotidianas).

Volví a la Tribuna y la mayoría estaba votando todo en contra. Como les comenté a algunos de mis amigos cercanos, era el momento de tener el coraje cívico. Tantos años de trabajo por una causa que, como dice mi colega Samuel García “desde que te conozco es tu causa”, no se iban a ir a la basura.

Entonces, saqué los medicamentos e hice cuentas frente al Senado. Esta batalla había empezado hace décadas. Pero parece que hoy ante las deudas pendientes de una crisis que nos está enfermando, apenas comienza.

Continuará hasta que pueda quitarme un filtro de la nariz.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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