Muchas personas de clase media sostienen que no pueden ahorrar. De hecho cuando les pregunto por qué no ahorran, me contestan: “…Si a duras penas me alcanza pa’ tragar, ¿cómo se te ocurre que yo pueda hacerlo…?”. Creo que también me insultan mentalmente, pero se contienen, cosa que agradezco bastante.

Podría escribir un libro (estoy pensando seriamente en hacerlo) de todos los errores que cometemos en el tema del ahorro. A continuación abordaré cinco de los principales:

1. Solo los ricos ahorran. Falso de todas falsedades. Ahorrar no significa tener millones de pesos, ¡para nada! Con un peso que deje de gastar en porquerías puedo iniciar la fabulosa meta de generar patrimonio.

2. ¿Para qué ahorrar? Excusa típica de muchas personas que llevan una vida hedonista y utilizan frases como “quién me quita lo bailado”, “qué tanto es tantito”, “para eso me sobo el lomo”, “Dios proveerá” y muchas otras.

La realidad es que debemos tener objetivos y metas claras, precisas y concisas. Como yo digo: “Ponle nombre al niño… y también apellido”. El nombre es qué quiero hacer; el apellido, para cuándo lo quiero hacer.

3. ¿Cuánto estoy dispuesto a sacrificar? Ya que tiene nombre y apellido el niño, habrá que disponer cierta cantidad para alcanzar dicha meta. Esto debe ir en función de que te preguntes qué tan grande y verdadero es tu deseo de alcanzar dicha meta. En otras palabras, con cuánta lana te vas a caer todas las quincenas y todos los meses.

4. ¡Comprométete y hazlo! Otro gran error es la inconstancia y la falta de disciplina. Ahorrar un día sí y cuarenta no. Si en verdad quieres lograr lo que te propones, el ahorro debes convertirlo en un hábito; de otra forma, siempre te quedarás con las ganas.

5. Primero lo primero. Si eres de las personas que piensan que van a ahorrar cuando les sobre, definitivamente estás abismalmente lejos de generar patrimonio y metas ambiciosas.

Debes, obligadamente, poner el ahorro en el primer renglón de tu presupuesto. No es “si me alcanza”. Se trata de un rubro más de la economía individual y familiar, como lo es pagar renta o hipoteca, luz, agua, comida, teléfono, diversiones, etcétera. Primero ahorras y después gastas.

Si no tomamos consciencia de estas pequeñas acciones, siempre tendremos gustos chiquitos y anhelos grandes que jamás se cumplirán. No te quedes con las ganas por culpa de tu indolencia financiera.

Nunca es tarde para empezar; no olvides que Roma no se hizo en un día.

Recuerda que “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.