El panorama en México debido a la emergencia sanitaria por el COVID-19 es absolutamente desalentador. Existen más de 402 mil casos de contagios confirmados y más de 44 mil muertes a consecuencia de este virus, sin embargo, el presidente López Obrador y su gabinete insisten en minimizar los efectos de esta pandemia.

Día con día, los contagios y los decesos a causa del coronavirus han obligado a los países a tomar medidas de prevención y atención para aminorar el impacto de este virus en la salud de sus connacionales. Lamentablemente en nuestro país se prefiere creer en los amuletos antes que en la ciencia.

Para evitar suspicacias, la Organización Mundial de la Salud ha informado constantemente sobre el uso benéfico de mascarillas como una medida de prevención y control de infecciones de enfermedades respiratorias como la causada por el COVID-19. Señalando que sirve tanto para proteger a las personas sanas como para controlar la propagación del mismo.

En cambio en nuestro país, las autoridades sanitarias no pueden emitir un mensaje claro sobre el uso de cubrebocas. Un día escuchamos al subsecretario de Salud decir que las mascarillas no son una barrera suficientemente eficaz y al siguiente usándola. Un día vemos al presidente López Obrador portando cubrebocas durante un vuelo a Oaxaca y al siguiente diciendo que no lo necesita si mantiene la sana distancia.

El uso obligatorio de mascarillas no depende del “autoritarismo de los políticos” como lo ha señalado en reiteradas ocasiones el presidente mexicano. En más de cuarenta naciones, su uso obligatorio ha representado la disminución en el número de contagios, aunque claro que esos beneficios, no los reconoce López Obrador.

Por ejemplo, Gran Bretaña presentaba altas cifras de contagios hasta antes del 24 de julio que implementó el uso obligatorio de mascarillas en comercios, transporte público y hospitales, lo que sirve como referencia para comprobar que su uso, abona a la contención de este virus. Evidentemente las mascarillas no son milagrosas pero sí reducen el número de infectados.

Es claro que las autoridades mexicanas no tienen una estrategia para controlar la propagación del coronavirus, lo que ocasiona que exista confusión entre la población sobre las medidas que tienen que tomar para cuidar de su salud. En estos momentos donde las defunciones se siguen incrementando de manera exponencial, se necesita de un presidente estadista y de un gabinete de salud inteligente. Se necesitan medidas contundentes que salvaguarden la salud de los mexicanos.