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Opinión
Gianco Abundiz

Sigo sin entender para qué se inventaron los “seguros”, esos instrumentos financieros que albergan la promesa de pago sobre la ocurrencia de un hecho futuro e incierto. Nacieron en las civilizaciones antiguas, pero su concepción moderna tiene apenas unos 350 años.

Lo que es una realidad para México es que los seguros no se deberían vender, y por ende ni comprar, pues francamente no sirven para cosa alguna más que para tirar el dinero a la cañería.

Y razones hay muchas. Aquí unas cuantas… En primer lugar, los mexicanos somos inmortales, entonces ¿para qué carambas quiero un seguro de vida? Por otro lado, en nuestro país la gente ni se enferma ni se accidenta, y en el remotísimo caso de que eso sucediera, el Instituto Mexicano del Seguro Social manda una ambulancia “VIP” en menos de 5 minutos y me trasladan al Centro Médico acomodándose en una suite con vista al mar. Dado lo anterior, sería absurdo contratar un seguro de gastos médicos mayores. ¿Seguro de retiro? ¡Pues si las pensiones que hoy recibimos son más que suficientes para mantener al menos a tres generaciones!

Y tocante a los bienes materiales, ¿no es una aberración comprar un seguro de vivienda? Yo estoy convencido de que sí lo es, pues en tierras aztecas no hay terremotos, ni volcanes, ni huracanes, ni incendios, ni se tiene documentado tampoco en la historia moderna de la nación que amantes de lo ajeno traten de apoderarse de lo que tanto trabajo nos ha costado tener. Lo mismo opino del seguro de automóvil, como no existen los robos ni los accidentes sería muy tarugo si lo compro.

Me parece verdaderamente vergonzoso e indignante que la gente se levante de la cama sin estar asegurada, que no cobre conciencia de la importancia de estos productos, y lo que es peor, que cuando le sucede algo, estire la manota para que “papá gobierno” le resuelva su situación. Y por supuesto, me refiero a todos los que pertenecemos a la clase media que, chueco o derecho, sí podemos contratar la mayoría de los seguros ya mencionados.

Sin embargo, no debemos olvidar que también hay millones de personas en total indefensión, en todos lo sentidos, y que ante eventualidades catastróficas sí deben ser apoyados por toda la sociedad mediante los impuestos pagados a través de las autoridades. Por eso creo que me falta coeficiente intelectual para entender el porqué de la desaparición de un fideicomiso que justamente se creó para estas lides, como es el Fondo de Desastres Naturales, el famoso FONDEN. De verdad… es increíble.

Recuerda: “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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