¿Cuándo fue la última vez que un insulto o agresión arruinó tu día o al menos un rato?

Nunca se me va a olvidar un día que iba manejando con mi papá a un lado, cuando de la nada se me atravesó un carro, le pité para que se moviera y parece que no le gustó que le haya pitado porque más se me metió, yo enfurecida le pité tres veces más aparte de “mandarle saludos a su mamá”. Mi papá solo volteó y me dijo, “sí sabes que le acabas de regalar todo tu poder a una desconocida, ¿verdad?”.

Yo no entendía de qué estaba hablando y me explicó que nadie tiene el poder de quitarte tu paz a menos que tú se lo entregues. Cuando alguien te agrede y tu te ganchas, le estás entregando toda tu paz en charola de plata.

Desde ese momento mi vida cambió. Cuando antes pensaba que todos me querían fregar ahora estoy completamente consciente de que NADIE lo puede hacer si yo no lo permito. Me podrán robar tiempo o cosas materiales, pero mi paz, muy difícilmente. 

Creo que es importante aceptar los errores de los demás. “Saber lidiar con las imperfecciones del otro nos abre las puertas del cielo, pues en las buenas relaciones se encuentra una de las fuentes de gratificación más importantes de la vida”, dice Rafael Santandreu.

Las personas fuertes y felices casi nunca se pelean. En cambio, cuando estamos neuróticos nos volvemos hipersensibles y paranoicos, protegiéndonos anticipadamente de quien nos podría ofender. Es fundamental perder esa hipersensibilidad.

Para esto nos puede ayudar el segundo de los cuatro acuerdos de Miguel Ruiz, “no te tomes nada personalmente”. Cuando entendemos que lo que hace o dice el otro es problema de él, de su locura o infelicidad, se vuelve nuestro maestro, el cual hemos escogido nosotros mismo para aprender una lección que nos hará mejores personas. Ya sea una lección de paciencia, de tolerancia, de amor, de comprensión, etc. 

Si aprendemos a identificar qué nos viene a enseñar cada persona difícil que pasa por nuestra vida, serán cada vez menos personas problemáticas con las que tendremos que lidiar, ya que habremos pasado esa lección y ya no será necesario coincidir con este tipo de maestros.

Algunas de las estrategias mentales para conseguir esto son: Comprender la locura del otro, tener una autoestima sólida, crear canales de comunicación que te permitan expresarte con los demás y, a veces, aprender a apartarse del loco, pero siempre con racionalidad.

Todos esos adultos agresivos, son niños confundidos que no se dan cuenta que las únicas relaciones que promueven la felicidad, son las relaciones amorosas basadas en darse el máximo cariño posible. Son como perros locos a los que han golpeado de cachorros y no saben que es posible tener otra forma de vida. 

Hemos visto que para evitar pelearse con los demás debemos comprender el corazón del ser humano, tener una fuerte autoestima y comunicarnos fácil y constructivamente. El último paso es apartarse, pero solo en el caso extremo, porque si nos apartamos de todos los que nos agreden nos podemos quedar solos o seguiremos atrayendo ese tipo de personas, ya que no dejan de ser maestros que nos vienen a enseñar la lección que no hemos aprendido.

“Si mantienes este acuerdo de no tomarte nada personal, viajarás por todo el mundo con el corazón abierto por completo y nadie te hará daño. Dirás te amo, sin miedo a que te ridiculicen o rechacen. Pedirás lo que necesites. Dirás sí o dirás no. Lo que tú decidas, sin culparte ni juzgarte”, señala Miguel Ruiz.

Vuélvete el más egoísta con tu paz, cuídala en todo momento como tu tesoro más preciado. Antes de enojarte piensa si realmente esa persona merece que le regales toda tu tranquilidad. Te aseguro que entre más la mantengas contigo más la vas a valorar y menos vas a permitir que te la roben. No olvides que la paz es el principal ingrediente de tu felicidad y eres el único responsable de mantenerla.