Crecí leyendo y viendo ciencia ficción, todo el tiempo, a todas horas, sin que esto abrumara o me cansara en absoluto. Una de las preguntas que más se repetían en mi cabeza era, ¿y qué si este mundo no es lo único que existe en el plano terrenal?

Muy pronto descubrí que varios autores hablaban de dimensiones, de realidades paralelas, que, tal vez, a la par de nuestra existencia algo más podía estar pasando, y que, tal vez, en lugar de que solo haya una versión de mi persona, hay dos o muchas más, que viven y hacen cosas distintas a quien soy yo.

Pasaron los años y llegó Marvel con su Universo Cinemático para explorar en pantalla grande lo que ya estaba escrito en cómics, que no solo existe una Tierra, sino que, dependiendo del tiempo y espacio de cada historieta, se podían tener realidades interconectadas y versiones diferentes de los superhéroes (lo mismo pasa en DC Comics, pero ellos no han podido hacerlo realidad en cine) y henos aquí con una de las palabras más prostituidas de la actualidad: El multiverso.

A mí, la verdad, es que ese término me parece muy básico o es una manera sencilla de decir universos paralelos, pero bueno, el asunto es que ahora el cine está tratando de exprimir al máximo esa palabra, y ya no solo Marvel está lucrando con ella, también toca el momento para el cine independiente.

Con un título tan largo que me es difícil memorizar llega a salas Todo en todas partes al mismo tiempo, largometraje dirigido por Daniel Kwan y Daniel Scheinert, conocidos en la industria como Daniels, que paradójicamente les produce en esta ocasión Anthony y Joseph Russo, a quienes les apodan los hermanos Russo; ellos dirigieron cuatro películas de Marvel, entre ellas Avengers: Endgame (2019).

¿Cuál es el atractivo de este filme de los Daniels? Que no va de superhéroes propiamente, aquí la historia se centra en algo que podría parecer aburrido e insulso, pero es lo que lo hace único: Evelyn Quan Wang es una china inmigrante en Estados Unidos que tiene una vida ordinaria como propietaria de una lavandería automática, sí, esas que funcionan con monedas, y su familia es tan normal que da pereza describir a estos personajes secundarios.

Sin embargo, algo ocurre en la vida de Wang, justo cuando va de visita a las oficinas de Hacienda, es ahí, en un ambiente totalmente anquilosado, burocrático y cuadrado, que vive una especie de separación de su realidad: su esposo es poseído por una versión de él mismo de otro universo y le ayuda a ella a “despertar” y entender que existen más dimensiones que la que conoce.

¿Me expliqué bien?, ¿me entendieron?, ¿voy muy rápido? Pues si van a ver esta cinta, que está hablada en chino e inglés, tendrán que estar mucho más avispados, porque todo sucede en un parpadeo y, la verdad, es que hay diversión garantizada, tanto en el ámbito de la ciencia ficción, como en el humor.

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