Ya platicamos de tener una gorda y una flaca, refiriéndonos evidentemente a las tarjetas de crédito. El número mágico es: dos. Toca turno ahora a las demás tarjetas: departamentales, comerciales y las de afinidad, estas últimas manejadas por instituciones bancarias, pero con determinada marca.

Centrémonos en las departamentales ¿Son recomendables? Tienen sus bondades, entre las que destaca el hecho de otorgarla en minutos (previa revisión -obviamente- de tu historial crediticio), no cobrar anualidad y, sobre todo, el que nos hagamos acreedores a promociones “exclusivas” para tarjetahabientes.

Pero… sin embargo y no obstante… tienen lo “suyito” que no siempre es claro para nosotros, los humildes consumidores que nunca leemos los contratos que firmamos. Aquí cuatro puntos.

Primero: La tasa de interés está por arriba del promedio bancario.

Segundo: Es muy frecuente que te enjareten un programa de beneficios (asistencias y seguros) que te cargaran mensualmente. Pueden ser muy atractivos, pero lo que no es correcto es que te condicionen a contratar un plan, que muy probable ya tengas en otros productos, para darte el crédito.

Tercero: Mi limitado coeficiente intelectual no me ha permitido entender por qué estas tarjetas no están en el paraguas de la CONDUSEF sino de la PROFECO, siendo a todas luces un producto financiero.

Cuarto: Las tarjetas bancarias traen un seguro de deudores. ¿Qué es eso? Muy sencillo. A tu fallecimiento el saldo de la tarjeta queda automáticamente pagado.

En español mexicano: muerto el perro, se acabó la rabia. En las departamentales no ocurre así, pues si al difuntito se le hizo muy pro otorgar tarjetas adicionales, aunque nunca se usen, los bendecidos con tal acto se convierten en obligados solidarios que deberán pagar la deuda sin importar si la adquirieron ellos o no. Claro, si el tarjetahabiente no otorgó dichos plásticos ahí termina el problema.

Yo tenía una adicional de la tienda YE con la que me favoreció mi amada abuela. Una semana antes de morir, a la santa viejecita se le ocurrió cambiar todo el menaje de su casa. Como aprendí en el programa de Saber Gastar, una vez terminados los rosarios fui a dar aviso de su lamentable deceso. En vez de darme el pésame me dieron un estado de cuenta actualizado y amablemente me indicaron la fecha límite de pago y el monto a liquidar para que no me cobraran intereses. Hubo otro sepelio…

Ni des ni aceptes tarjetas adicionales de las tiendas departamentales.

Recuerda que “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.