México sería una locación perfecta para instalar una planta de Tesla, la famosa compañía de autos eléctricos que dirige Elon Musk. Somos líderes en exportación de automóviles, tenemos mano de obra calificada, tratados comerciales estratégicos, recibimos la mayor cantidad de radiación solar en el continente y, por si fuera poco, tenemos el mayor yacimiento de litio, la materia prima de las baterías.

Todo es perfecto excepto por una cosa, nuestro Gobierno federal tiene una visión del futuro radicalmente distinta a la de Musk. La mayor obra de este sexenio es una refinería petrolera, la otra es un tren propulsado por diesel, podría ser eléctrico, pero debemos ser congruentes.

Si algo no le conviene a la apuesta de nuestro gobierno es que el automóvil eléctrico sustituya al de combustión interna, esa disrupción generaría una disminución drástica en la demanda de gasolina. Pero tampoco es conveniente que las energías renovables sigan prosperando, los parques eólicos y solares construidos por privados podrían restarle importancia a la CFE. Desde la Secretaría de Energía se han tomado medidas para limitar el crecimiento de las “energías limpias” y fomentar la producción eléctrica a base de materias fósiles, como el carbón y el combustóleo.

Ese conflicto de intereses nos coloca en un camino opuesto al de Elon Musk, quien no solo promueve el automóvil eléctrico, sino también la robotización (recientemente criticada por nuestro presidente), los viajes interplanetarios y el ingreso básico universal. Ninguno de esos conceptos figura en la agenda de la Cuarta Transformación.

La pregunta subyacente es si México puede contrarrestar lo que parece ser una tendencia mundial. Hasta el momento, 14 países, entre ellos España, Canadá y Francia, se han fijado la meta de prohibir los vehículos de combustión interna dentro de 20 años, muchas otras naciones podrían sumarse ante la necesidad de combatir los efectos del calentamiento global.

Las ventas de vehículos eléctricos se multiplican año con año, prácticamente todas las marcas importantes están lanzando opciones de este tipo, incluso compañías como Ford y General Motors, que antaño defendieron a capa y espada al motor de combustión interna, han invertido gran cantidad de recursos en el desarrollo de sus propios autos eléctricos.

México es un país rico en combustibles fósiles, pero también es una gran potencia en materia de energías renovables. Nuestro afán por regresar a las “épocas doradas” del petróleo, sacrificando nuestra transición a las energías renovables, podría ser un grave error.

Las nuevas tendencias tecnológicas como la inteligencia artificial, los autos eléctricos y la robotización están generando disrupciones más allá de nuestro control, parafraseando al propio Elon Musk, puede haber cambios que no nos agraden, pero cuando la alternativa es el desastre, no queda más remedio que llevarlos a cabo.