Fuimos testigos, y nos hicimos expertos, en hablar de inflaciones hasta de tres dígitos, tasas de interés de dos.

Crecimos detestando la política y a los políticos que ponían en riesgo el futuro. Quizá por eso le apostamos a los tecnócratas. Creímos en ellos y dimos un viraje hacia una “política” menos política.

Al final no nos fue tan mal. Nuestras finanzas se sanearon. La  inflación volvió a un dígito y las tasas de interés también. El peso se mantuvo relativamente estable.

Pero a pesar de todo, vivimos por primera vez –insisto aquellos que nacimos después de los 60s–  una guerra. ¿Qué pasó?

Quizá se nos olvidó que es tan malo tener la balanza cargada a un lado, como del otro. Olvidamos que mucha técnica sin política es tan mala como la política sin técnica.

Después de un sexenio priista muy tecnócrata con Ernesto Zedillo, vivimos dos sexenios panistas muy “democráticos” con un gran ausente: la política.  

Este año, y para el próximo sexenio, decidimos reivindicar el rumbo. Y votamos por el regreso de “la política”.

Aprendimos que satanizamos la política. Que el enemigo no era la política, sino los malos políticos. 

Igual como despreciamos a los malos maestros, mas no al sistema educativo. O a los malos sacerdotes, mas no a la iglesia y al culto. O a los malos empresarios, mas no al sistema económico.

Esta política que le dice al presidente que él fue votado, quizá no por la mayoría, pero está donde está por que el pueblo así lo quiso. 

Y que las fuerzas armadas están bajo sus órdenes, porque aunque existan tres poderes, uno tiene que mandar, aunque sea un poquito más.

La política le dice a los que estaban, están y quieren seguir estando, aun en contra de la voluntad de los ciudadanos, que mejor se alineen o pueden rodar cabezas.

La política es el arte de medir fuerzas, en un frágil juego de equilibrios, para lograr resultados. Si no, se tiene que aplicar la fuerza y eso no necesariamente da resultados.

Para entender un curso rápido y divertido sobre política, recomiendo que le den un vistazo a una maravilloso documental hecho por Matías Gueilburt, llamado “La Red Nazi en México”.

Es un documental que narra cómo México fue pieza importante en los planes de Hitler. Alemania necesitaba de nuestro petróleo. Además de ser un punto central para ir a Centroamérica y a Norteamérica. Un movimiento político claro. 

Cuando el presidente Lázaro Cárdenas expropia la industria petrolera, provoca el boicot de Inglaterra y Estados Unidos, los mayores clientes del crudo azteca. Y ambas naciones le decretan un boicot a México.

Pero esto no afectó a nuestro petróleo que encontró un cliente que lo quería y lo necesitaba: Alemania.

Comenzada la guerra, Estados Unidos se da cuenta y levanta el boicot comercial contra México. Lo mismo hace Inglaterra. 

La condición para México: ser aliados y dejar de surtir el crudo a Alemania.

Las relaciones de México y Estados Unidos cambiaron drásticamente después de la Segunda Guerra Mundial. Los norteamericanos comprendieron la importancia de la vecindad.

La función de la política es que los gobiernos no se olviden de los malos tiempos, para gozar de los buenos. 

El uso de una buena política es que lo reubicará a México en el mapa mundial. Una buena política pondrá orden dentro de una casa que hoy está bastante desordenada. 

Siempre recordando que votamos por el regreso de la política, no de los malos políticos. Ellos siempre gozarán de un bien ganado desprecio.