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Opinión

Hace mucho tiempo que México no dejaba de ser el centro de atención de Estados Unidos en cuanto al tema de migración. Para el gobierno de México la crisis en Centroamérica es una oportunidad única de hacer cambios trascendentales e ir más allá de la simple retórica. Si el gobierno de México quiere ganar legitimidad internacional y aspirar a ser la potencia regional que se ha planteado, éste es el momento de actuar, de cambiar las cosas.

En 2012 por primera vez el número de mexicanos detenidos por la patrulla fronteriza de Texas fue menor que la de “no mexicanos”. El fenómeno es generalizado, Maureen Meyer de la “Washington Office on Latin America” explica que, hoy en día, en términos netos la migración mexicana a Estados Unidos equivale a cero. 

Por el contrario, la tendencia en Centroamérica es la opuesta. Entre 2000 y 2010 la migración de centroamericanos a Estados Unidos creció en un 50% y en los últimos años el fenómeno se ha agudizado con la presencia de una gran cantidad de menores de edad que han buscado cruzar a Estados Unidos. Tan solo en lo que va de este año Estados Unidos ha deportado a más de 52,000 menores sin acompañamiento y según cifras oficiales México ha hecho lo propio con 10,505. 

Para llegar a Estados Unidos los migrantes pasan por México. Esto ha hecho que la frontera sur de México sea ahora una bomba de tiempo, un territorio abandonado a su suerte que puede ser causa de muchos problemas en el futuro. Nuestra frontera sur es un territorio poroso, violento y altamente vulnerable. Por allí transitan diario y sin ningún control miles de personas: migrantes en busca de oportunidades, organizaciones criminales, niños que huyen de la violencia.

La situación es grave en varios sentidos. Insightcrime y Proceso han revelado que las maras centroamericanas han penetrado el territorio nacional y controlan rutas migratorias en Chiapas. Si el gobierno mexicano no actúa, la violencia de países como Guatemala, Honduras y El Salvador comenzará a expandirse al sur de nuestro país. Otro problema grave son las mismas autoridades mexicanas. Éstas han hecho negocio con la migración y extorsionan, maltratan e incluso venden a los migrantes centroamericanos. Algo que el gobierno tiene que frenar con urgencia.

Pero dentro de la encrucijada, Enrique Peña Nieto y Osorio Chong tienen una ventana de oportunidad única. Al no ser el foco del problema, México puede asumir el liderazgo en el tema. Para ello no bastan las formas sino que habrá que ir al fondo en tres temas fundamentales: seguridad nacional, derechos Humanos y cooperación regional. En otras palabras, proteger la frontera y ejercer una política migratoria concordante con lo que México siempre ha pedido de Estados Unidos. 

Pero al mismo tiempo México puede aprovechar el vacío de poder que ha dejado la incapacidad de Obama de reunir consensos para catapultarse internacionalmente como un país dispuesto a asumir liderazgo. México podría plantear una estrategia integral con Centroamérica enfocada en temas sociales, económicos y culturales asumiendo su responsabilidad ante sus vecinos del sur. Por otro lado podría buscar ser el mediador entre Centroamérica y Estados Unidos y de paso reconstruir su imagen internacional. Pero para que estos esfuerzos funcionen México deberá transformar una tradición política de la forma sin fondo. Dicho de otra manera si se maneja adecuadamente, la crisis migratoria podría beneficiar la imagen internacional de México, El primer paso es uacabar con la corrupción y abuso de las autoridades en la frontera sur.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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