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Opinión
Índira Kempis

La cruda post festejo es cruel. Pasado el 10 de mayo en donde el amor y la conciencia sobre el valor de las madres de familia se convierten en frenesí de festejo, la realidad rebasa… Tenemos que hablar de las dificultades que existen para quienes tienen hijos e hijas en condiciones adversas donde poco se está haciendo para que se les facilite la tarea.

Una carrera de obstáculos interminables que va desde la atención médica durante y después del parto, pasando por las condiciones laborales que no son parejas para quienes trabajan largas jornadas sin que reciban el mismo salario que los hombres, y terminando en lo complicado que es no tener quién cuide a sus hijos e hijas cuando ellas están fuera de casa.

Estas circunstancias se agravan en cuanto vemos las consecuencias psicológicas, económicas y hasta sociales que se derivan de la falta de atención hacia sí mismas y a sus familias.

En tiempos donde mantener la casa es tarea de dos, también hay que tomar en cuenta que muchas de ellas sostienen en soledad la sobrevivencia de quienes dependen de ellas.

¿Qué es lo que deberíamos estar haciendo para que sus responsabilidades de administrar y gerenciar el hogar sean respaldadas por el Estado?

Si bien es cierto, hay responsabilidades de la vida propia de las cuales nadie puede tener el control (por ejemplo, la muerte de uno de los cónyuges o el divorcio), también lo es que las mujeres que son madres podrían tener oportunidades que no las dejen a la deriva o expectativa de no saber qué hacer en tanto tienen el compromiso de la crianza y a la vez de la vida laboral.

En algunos países, los incentivos por maternidad, la posibilidad de hacer el trabajo desde casa, los horarios escalonados, los centros comunitarios que sirven como “escuelas” de actividades extra curriculares para horas en donde los papás no están, entre otras alternativas, permiten que se sobrelleve con mayores posibilidades, estas dificultades.

Tenemos una gran tarea pendiente que debe ir más allá de pensar en el clásico y tradicional 10 de mayo como una fecha en la que regalar algo que, finalmente, puede ser efímero.

Hagamos que la dignidad del trabajo doméstico, las oportunidades laborales para quienes son madres y el desarrollo profesional pese a la clase social, sean prioridad en un mundo donde la maternidad voluntaria y responsable permita el libre albedrío de las mujeres y que esto de ser o no ser madre no sólo dependa de un sistema económico que no crea alternativas para la calidad de vida de las mujeres que así lo deciden: ser madres de familia.

Por eso es tan importante hacer visible cada año y cada vez más que no hay madre única, sino diversos contextos específicos que atender para asegurarnos que, efectivamente, la “condición” de serlo no es una limitante sino que incluso puede contribuir al desarrollo económico, social y hasta afectivo del país.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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