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Opinión
Celuloide

“El viento había cesado, como en un cuadro. Hladík ensayó un grito, una sílaba, la torsión de una mano. Comprendió que estaba paralizado. No le llegaba ni el más tenue rumor del impedido mundo. Pensó estoy en el infierno, estoy muerto. Pensó estoy loco”

Jorge Luis Borges – El milagro secreto (1943)

¿Qué es lo que queremos comunicar actualmente? ¿Qué es lo que se busca decir en el arte o eso que pretende serlo en la industria audiovisual? ¿Acaso tiene algún sentido producir cine o televisión en un ahora que tal vez nunca tenga una repercusión a futuro?

Cuando Carl Sagan publicó Contacto, hace 33 años, en el libro se hacía la analogía de que desde una remota estrella llamada Vega se retransmitía la primera señal televisiva que tuvo la suficiente potencia para salir al espacio: el inicio de las Olimpiadas de Verano de 1936.

El mensaje causó incertidumbre y demasiada especulación en la Tierra, ya que este suceso es incómodo, históricamente hablando, porque quien inauguró la justa internacional fue Adolf Hitler, en Berlín.

¿Acaso los veganos querían burlarse de los terrícolas al enviar un saludo de regreso con el mayor genocida del planeta? ¿Qué quería decir realmente esta retransmisión? ¿En verdad no había mejor manera de comunicarse con nosotros?

Esta disputa es amplia en la ficción de 1985 y una de las resoluciones propuestas por parte de los académicos consultados, fue que a partir de una señal de televisión salen ondas que son captadas por aparatos receptores en casa, entonces estas siguen viajando hasta los confines del espacio.

“Esos malditos programas son nuestros embajadores frente al cosmos… emisarios de la Tierra. (…) Con respecto a los embajadores, siempre hay que elegir al mejor; sin embargo, hace 40 años que venimos enviando al espacio programas que son prácticamente basura”, pronuncia en respuesta la que es presidenta de los Estados Unidos en este relato.

Contacto llegó a cines 12 años después, sin respetar la figura presidencial femenina, pero sí empoderando a cuadro a Jodie Foster, como la científica Eleanor “Ellie” Arroway

La película se volvió de culto para los amantes del cine y al año siguiente, en 1998, ganó el Premio Hugo a la Mejor Representación Dramática, galardón que es distinguido en el circuito de la ciencia ficción.

Volviendo a la reflexión original, entre tantas producciones de cine y televisión actual, donde abundan reality shows, series inspiradas en cantantes u otras que retoman el gusto culposo por las telenovelas de antaño, ¿realmente vale la pena seguir haciendo cine y televisión que pueda ser “basura” a futuro?


* Esta opinión no refleja la del periódico

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