Alejandro tiene siete años, dio positivo a la prueba de COVID-19. Vania, su mamá, confía en que Camilo, el menor de los hermanos, no se haya contagiado. Hasta ahora la prueba indica que es negativo.

“Alejandro presenta muchas molestias corporales. Dice que le duele mucho la espalda de tanto toser, así como su cuerpo. Que se siente muy cansado y solo quiere dormir”, platica la mujer.

Ellos se contagiaron tras una reunión familiar: un primo de Vania no sabía que era portador de Ómicron, pero días después comenzó a manifestar los primeros síntomas.

“Alejandro, desde que empezó la pandemia, sabía qué es el COVID-19 y de los cuidados que debemos tener. Dice que odia el virus porque es muy molesto y porque debe estar encerrado”, señala su mamá.

También afirma que seguir creyendo que los niños no se contagian es una aberración, y que deberían ser vacunados para reforzar su sistema inmunológico.

“Me parece que seguir negando que los niños enferman por COVID-19 es una tontería y una terquedad. Es no querer ver una realidad palpable. Los niños sí se contagian, enferman, se sienten mal y por lo tanto también deberían de ser atendidos y considerados como la población adulta”, asegura.

Datos del Sistema de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) señalan que cada nueve minutos un menor de edad se contagia de COVID-19. Por lo que en los primeros días del año, 163 menores de 18 años dieron positivo al virus.

Del 31 de diciembre de 2021 al 9 de enero, suman mil 470 nuevos contagios en niñas, niños y adolescentes.

Sipinna informa que tras la aparición de la variante Ómicron, en diciembre, dos mil 551 menores de edad se infectaron.

Desde el inicio de la pandemia, en México se han contagiado 84 mil 447 niñas, niños y adolescentes, y han fallecido 823 por esta causa.

El mayor número de contagios persiste entre los adolescentes de 12 a 17 años, con 48 mil 054 casos; seguidos de los que se ubican entre seis y 11 años, con 20 mil 586 casos; y los de cero a cinco años, con 15 mil 807 contagios.

En el caso de los fallecimientos, el grupo que concentra el mayor número de casos es el de los menores de cinco años, con 432; después los menores de 12 a 17 años, con 278; y finalmente, se registraron 113 muertes de infantes de entre seis y 11 años por el virus SARS-CoV-2.

Hasta el 9 de enero de este año, de acuerdo con Sipinna, han perdido la vida más niños y adolescentes hombres, con 438 decesos, mientras que las niñas y adolescentes mujeres suman 385.

Por todo lo anterior es indolente y hasta criminal, que el subsecretario Hugo López-Gatell continúe despreciando a nuestra niñez y adolescencia, y se resista a vacunarlos pese a que ellos son sujetos de derechos.

Debemos pensar que al vacunar a nuestros niños y adolescentes no les estamos haciendo un favor, por el contrario, estamos garantizando su derecho a la salud y a salvar su vida.

Un derecho fundamental de nuestros niños, niñas y adolescentes es la salud, y por ello seguiremos trabajando a su favor desde la Comisión de los Derechos de la Niñez y de la Adolescencia del Senado, e insistiremos en que sean vacunados contra el COVID-19. Salvar sus vidas es una obligación del Estado.