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Opinión
Gianco Abundiz

Roald Amundsen llegó al Polo Sur el 14 de diciembre de 1911, ganándole así el honor al británico Robert Scott. En realidad, la historia de este explorador es apasionante, pues logró a lo largo de su vida muchas más proezas, como sobrevolar el Polo Norte.

No es el objetivo de este artículo relatar los sucesos que dieron como resultado que el expedicionario noruego alcanzara el extremo austral del planeta; baste decir que la preparación de muchos años lo inmortalizó. ¿Cuál fue el destino de su rival inglés? La muerte pocos días después de la hazaña de Amundsen.

Esta aguerrida competencia tuvo un ganador que supo hacer lo que millones de individuos olvidamos: planear. Desde el número de personas que lo acompañarían, la cantidad de alimento del que deberían disponer y hasta la raza de los perros de apoyo, todo estuvo perfectamente bien trazado para no tener fallas en el camino. Esta escrupulosidad le permitió dar cada paso con firmeza y precisión quirúrgica.

Si los entes económicos hicieran el uno por ciento de lo que llevó a cabo el conquistador del Polo Sur, su vida financiera sería totalmente distinta. Y sí, en cada aspecto de nuestra existencia es indispensable la planeación y muy en particular en lo relativo a las finanzas.

Tratándose de dinero se tiene muy claro que por lo regular se va como agua entre los dedos y que, en un abrir y cerrar de ojos, nos podemos quedar con una mano atrás y otra adelante… y todo por no tener el orden de llevar las cuentas de acuerdo con lo establecido. En otras palabras, por conducirnos en la vida al “ahí se va”.

La planeación financiera nos permite conocer el pasado, pararnos en el presente y proyectar el futuro económico que nos lleve permanentemente a buen resguardo, con la consecuencia lógica de generar patrimonio y estabilidad.

La riqueza es un accidente de la vida que a muy pocos les sucede. En cambio, el tener un bolsillo balanceado está al alcance de todas las manos de los clasemedieros sin distinción. No se trata de tener millones en cuentas de inversión ni de contar con estudios de posgrado en el manejo pecuniario. No, para nada. Simplemente es utilizar las herramientas de sobrevivencia financiera que debe dictar el sentido común en el camino de la tan mentada pla-nea-ción.

Imitemos al gran explorador escandinavo Roald Amundsen y poniendo los puntos sobre las íes aprendamos a construir una solidez monetaria que el día de mañana se transforme en el trineo que nos permita alcanzar nuestro propio Polo Sur.

Recuerda: “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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