Tras un siglo de prohibición, México está cerca de hacer las paces con el cannabis. Esta planta fue domesticada por la humanidad hace tres mil años, se le conocen aplicaciones medicinales, industriales y recreativas que no han sido aprovechadas al máximo debido a la prohibición que se instauró en 1920.

El pasado jueves 19 de noviembre, el Senado de la República aprobó la Ley Federal para la Regulación del Cannabis. Si bien todavía falta el visto bueno de la Cámara de Diputados, son muy pocas las leyes que los diputados rechazan cuando ya fueron aprobadas por la Cámara alta, así es que podemos asumir que será votada antes del 15 de diciembre, fecha límite impuesta por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Lo bueno

La Ley no es tímida, establece una apertura franca para el cultivo, transformación y venta. Regulará tanto al cannabis psicoactivo (marihuana) como al no psicoactivo (cáñamo).

De hecho, estará creando el mercado de cannabis psicoactivo más grande del mundo en cuanto al número de consumidores potenciales; México tiene casi 130 millones de habitantes, ningún país o estado donde el cannabis psicoactivo es legal tiene tal número de pobladores.

Esta industria ha demostrado ser una de las más dinámicas a nivel mundial y, hoy por hoy, es la que más empleos crea en los Estados Unidos. A México le urge reactivar su economía generando empleos de calidad, la apertura de este mercado puede ser una oportunidad gigantesca para atraer inversiones y convertir a nuestro país en el mayor exportador (legal).

Lo malo

La Ley parece suponer que la única forma de consumir cannabis psicoactivo es fumándolo. Bajo esa premisa, impide consumirlo en establecimientos comerciales de acceso público e incluso extiende la prohibición a todos los lugares previstos en la Ley General para el Control del Tabaco.

Bajo el principio general de que nuestras libertades terminan donde empiezan los derechos de los demás, es lógico que se busque evitar que terceros respiren el “humo de segunda mano”, pero el cannabis, a diferencia del tabaco, se consume mediante comestibles o incluso bebidas.

El cannabis comestible se asemeja más al alcohol que al tabaco y por ello no debería estar vedado en establecimientos mercantiles. El argumento del “humo de segunda mano” no podrá justificar esta prohibición cuando el asunto llegue al Poder Judicial Federal.

Lo feo

Se pretende que el cannabis psicoactivo sea comercializado en “empaques genéricos”, es decir, cajas blancas con la mínima información indispensable, sin colores, marcas u otros elementos que llamen la atención del consumidor.

Aunque en un principio pareciera una buena medida para evitar que el consumo crezca en forma desenfrenada, lo cierto es que afecta mayormente a los consumidores. Al fin y al cabo, las marcas son instrumentos que permiten al público identificar rápidamente un producto y decidir su compra con base en la reputación de la marca. Al carecer de signos distintivos, todos los productos parecerán iguales y el consumidor tendrá que invertir mayor tiempo y atención para ubicar a los fabricantes que le parecen mejores.

La idea es incluso discriminatoria, pues no aplica a las industrias del tabaco y el alcohol. Una de sus consecuencias será impedir que los mexicanos desarrollen marcas famosas de cannabis psicoactivo que puedan competir a nivel mundial. ¿Qué sería hoy de la cerveza mexicana, la más vendida en el mundo, si no permitiéramos el uso de marcas?