Un Obama imperial y un Romney robótico aparecieron en escena ante 80 votantes indecisos de los que solo 11 formularon una pregunta en el encuentro moderado estupendamente por la periodista de CNN, Candy Crowley.

Es cierto que las primeras encuestas sobre el segundo debate presidencial dieron como ganador a Obama, pero por un estrecho margen sobre Romney, quien también logró asestar duros golpes al presidente.

Un poco arrogantes ambos pero sin duda Obama comunicó mejor, aunque nunca como en aquellos legendarios días de su primera campaña electoral, cuando su solo caminar inspiraba sueños y pasiones.

Y es que el ejercicio del poder siempre afecta al habitante de la Casa Blanca. Como al de Los Pinos o al del Palacio del Eliseo o a la actual de la Casa Rosada. Nadie es inmune a ese deterioro.

En realidad, el ganador fue el debate mismo. Es de lo mejor que tiene el sistema electoral del vecino país desde 1960, cuando se enfrentaron un vigoroso Kennedy y un ojeroso Nixon. Lo vieron 70 millones de almas. Ganó Camelot.

Y hay frases que eternizarán este show business político que los estadounidenses hacen tan bien.

En 1976 una de ellas pasó a la historia por desafortunada: “No hay dominación de la Unión Soviética en el este de Europa”. Le correspondió a Gerald Ford en su debate con Jimmy Carter. Perdió las elecciones.

Y en 1984, la de Walter Mondale frente a Ronald Reagan a propósito de la edad del segundo. Elegante, el ex actor contestó: “No voy a hacer de mi edad un tema de campaña ni tampoco voy a explotar la juventud e inexperiencia de mi adversario”. Ganó Reagan.

A Dukakis, un opositor de la pena de muerte, se le preguntó en el debate de 1988 contra George Bush padre si cambiaría de opinión si su esposa Kitty fuera violada y asesinada. Dukakis, en vez de atacar la cuestión, respondió: “No, no creo. Me opondré a la pena de muerte toda mi vida”. Perdió Dukakis.

Y la respuesta contundente de Ross Perot a George Bush en 1992. Bush intentó atacar a Perot en el flanco de la experiencia y éste le devolvió la ofensiva con una frase demoledora: “Experiencia en endeudar al país en cuatro mil millones de dólares seguro que no tengo”. Pero no ganó Perot.

En el debate del martes pasado, la frase más significativa podría ser la de Obama, cuando dijo “mi plan de pensiones es mucho menor que el suyo”.

Pero que el debate lo ganó, no me cabe ninguna nuda.

Fueron 90 minutos de apasionante espectáculo televisivo visto por millones y al mismo tiempo, un importante ejercicio democrático; este sí un modelo digno de exportación, no como los malls y los casinos.

A tres semanas de las elecciones y con tres por ciento de indecisos, fue el principal evento político en la historia de las redes sociales –generó 12.24 millones de comentarios en Twitter y Facebook– y el tercero entre los principales eventos de cualquier tipo, superado por los Grammy y los MTV Video Music Awards.

Si alguien perdió, fue México. El tema migratorio, aunque lo ganó Obama, lo perdió este país porque nadie parece tener la voluntad política para resolverlo. Especialmente en lo que respecta a la operación “Rápido y Furioso”.

Aunque es cierto que el presidente fue brillante cuando tocó el tema de la inmigración, que por primera vez aparece en un debate de esta campaña, quedó claro que no será una prioridad para el próximo gobierno, sea del republicano o del demócrata.