La pandemia vino a revolucionar todo, y a las empresas también les tocó cambiar porque, como dice el dicho: “hay que renovarse o morir”. 

De la sacudida nadie se salvó. Las empresas tuvieron que encontrar la forma de reinventarse. Estoy convencido de que no hay ninguna empresa que siga trabajando igual que antes. Todas, de una u otra manera, tuvieron que modificar los procesos, despedir a su gente, implementar nuevos y diferentes sistemas, así como reemplazar su maquinaria. Todo cambió. 

En este inicio de semana, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, que preside Julio Santaella, da a conocer que el empleo se está incrementando en nuestro país. Los datos refieren que 58.7 millones de personas de 15 y más años son Población Económicamente Activa (PEA), lo que implicó una Tasa de Participación de 59.4 por ciento. Dicha población es superior en 3.3 millones con relación a la medición de un año antes. 

El asunto está en el detalle. Las plazas que pagan hasta dos salarios mínimos se incrementaron de 18.2 millones de octubre de 2020 a 19.7 millones (8.36 por ciento), es decir, se crearon un millón 552 mil empleos con estas condiciones en este octubre, en comparación con el mismo mes de 2020. Los lugares de trabajo que pagan entre dos y tres salarios mínimos disminuyeron de 8 a 7.5 millones de plazas, lo que marca un descenso de 6.03 por ciento. En resumen, hay más plazas, pero peor pagadas. 

Si nos vamos a observar los puestos de trabajo con más de cinco salarios mínimos, la caída es de 12.79 por ciento, al pasar de 1.4 millones de puestos a 1.2 millones de plazas en un año. En este cambio que vivimos, sin duda, también aumentó el trabajo en aras de mantener los empleos. 

Las personas han trabajado mucho más desde que inició la contingencia sanitaria. Hubo personas que antes trabajaban de 9:00 a 18:00 horas y cuando vino la pandemia —y nos fuimos todos a nuestras casas— trabajaban desde las 7:00 de la mañana hasta la mediano- che o 1:00 de la mañana. 

Muchas empresas creyeron que podrían ser eficientes con menos personas, pero la realidad es que el personal estaba trabajando el doble. 

Hoy creo que las empresas ya se dan cuenta de que no fueron tan eficientes y quieren volver a esa “normalidad” en que la gente vuelva a trabajar en menos horas porque sí resulta muy desgastante. En lo personal, yo sigo siendo de la vieja escuela, a mí me sigue gustando el contacto visual, el contacto con la gente, 

el poder juntarme con mi equipo, discutir ideas, pero, en persona; porque en un Zoom realmente no puedes discutir, dialogar, interactuar… es más un monólogo y no tanto una plática que derive en una buena lluvia de ideas. 

Admito que no me gustó la parte de trabajar a distancia, aunque creo que debemos sacar de este proceso un equilibrio, que no sea ni como estábamos en la pandemia pero tampoco como antes de ésta. 

Si pudiéramos sacar ese punto medio, ese 50 y 50, donde podamos ir a la oficina pero también estar trabajando desde casa. Creo que va a ser algo muy beneficioso para todos por- que también necesitamos socializar, generar debates e ideas, y eso solo lo logramos estando juntos de manera presencial. 

Se vienen nuevos tiempos. Es muy importante que podamos lograr ese equilibrio, que no estemos todos otra vez encerrados en nuestras casas. Donde atendamos las medidas sanitarias y podamos trabajar de vez en cuando desde el hogar. De eso se trata, de caminar hacia la sana cercanía.