La crisis de refugiados sirios, además de ser terrible, ilustra dos temas que muchos países desarrollados tendrán que resolver en los próximos años: la eventual vejez de sus ciudadanos y su decline como potencias globales. 

Como es bien conocido, las personas en países del primer mundo simplemente están teniendo menos hijos y viviendo más tiempo. 

Por consecuente, menos trabajadores y mismas plazas solo significa que los sueldos y la desesperación por contratar tenderán a incrementar. 

Esto ya está ocurriendo: este año en Estados Unidos las visas para trabajadores en industrias avanzadas, como la tecnología, se llenaron en 5 días hábiles y solo se otorgaran al 28 por ciento de los solicitantes. 

Es importante notar que estas visas son expedidas para empresas, con el explicito entendido de que no pudieron encontrar a un trabajador igualmente calificado dentro del país.

En países del este de Europa como Polonia, de acuerdo con el diario británico, The Economist, 2 de cada 5 empresas ya están batallando para llenar puestos por falta de trabajadores. 

Todo este “estire y afloje” entre las necesidades básicas de una economía y los derechos de los que están acostumbrados a una comunidad sin migrantes, sin duda crea tensiones.

Los ejemplos abundan: los países del este Europeo también han sido los menos tolerantes hacia los refugiados sirios y las elecciones en Estados Unidos han estado particularmente cargadas de temas xenofóbicos. 

Los candidatos republicanos, cuyos votantes más leales tienden a ser mayores y blancos, simplemente están reaccionando ante un electorado que no entiende esta nueva realidad. 

Apelar a los miedos puede hacerte candidato a Presidente, pero evadir esta realidad sería pésima política pública.

La historia de la globalización es particularmente ilustrativa en este aspecto. 

Antes de la apertura comercial había quienes aclamaban el fin de la calidad de vida, solo para darse cuenta que el libre comercio ha sido, sin lugar a dudas, una de las razones más importantes detrás de la reducción de la pobreza en Asia y otros países. 

Quienes se resistieron al comercio en su momento, sufren hoy de un retraso indiscutible.

La segunda ola, la apertura de los capitales trajo consigo inmensos beneficios de estabilidad cambiaria y de precios. 

De hecho China, uno de los países que continúa resistiendo la apertura total del capital, es quien ha tenido que lidiar con un pequeño desastre financiero este año. 

La ola que sigue en la apertura es la migración y los países ricos están ante un escenario interesante. 

 Los inteligentes encontrarán maneras de atraer a los mejores inmigrantes a las industrias que más lo necesiten, encontrando la manera de balancear derechos en base a políticas de sentido común.

Los que opten por ignorar la realidad, como hasta hoy lo han hecho muchos, habrán desperdiciado una oportunidad única y se perderán sin duda de una nueva ola de crecimiento.