Todo deseo nace de la idea de una carencia, de creer que necesitamos algo de afuera para estar bien. Cuando deseas algo y no se te da, debes preguntarte por qué. Después, hay que aprender a dejar ir lo que no nació para SER ya que seguramente vendrá algo mejor.

A veces tenemos que dejar ir ciertas cosas, para que se acerquen otras mejores. Ya sea una relación de pareja, un amigo, un trabajo, una adicción, una experiencia, un resentimiento, una expectativa o hasta un estatus o nivel de vida.

El budismo considera el deseo como la raíz de todo sufrimiento. Los apegos a ciertas situaciones o aspectos materiales crean dolor, ya que olvidamos constantemente el principio de transitoriedad. Este principio habla del cambio constante, al estar aferrados a algo, no permitimos que tome su rumbo y esto genera dolor y sufrimiento. 

¿Cuántas veces pensamos en disfrutar lo equivocado mientras llega lo indicado? No nos damos cuenta que obstruimos el espacio para que llegue a nuestra vida lo que realmente anhelamos. 

Se nos puede ir la vida viviendo con personas o situaciones que nos alejan de la felicidad. Y nos perdemos la oportunidad de dar el espacio para recibir lo que verdaderamente necesitamos.

Dejar ir es ser flexible, es fluir, es entrar en sincronía con el plan perfecto, con el Universo, es quitar lo que estorba y de esa manera permitirnos recibir todas las bendiciones que están a nuestro alcance.

Dejar ir es desapegarnos de todo aquello que no nos deja avanzar o que ya no ES, sin dejar de recibir la lección que eso nos deja. Porque todas las experiencias tienen un mensaje que darnos y, al recibirlo, lo importante es quedarnos con la enseñanza pero sin retener al mensajero.

A todos los seres humanos nos mueve un deseo, siempre creemos necesitar de algo o de alguien, pero nunca pensamos que tal vez no tengamos lugar para él o no esté alineado para que suceda.

Nuestra experiencia aquí en la Tierra es espiritual, pero vivimos dentro de un cuerpo físico, es por eso que hay deseos del alma y del cuerpo. Los deseos del alma son los que nos acercan a tomar el camino correspondiente para cumplir nuestra misión de vida.

Los deseos del cuerpo siempre traen placer pasajero. Comerte un litro de nieve te da placer mientras te lo terminas, porque después hasta puedes sentir culpa. 

Por otro lado, hay ciertas personas o circunstancias que deseamos atraer y que al tenerlas nos sacarían por completo de nuestro camino y luego sería más difícil regresar. Deja ir el deseo que no te hace bien, ¡Si no sueltas el pasado, no ha pasado! y seguirá siendo parte de tu vida hasta que tú decidas.

Recuerda que no tener lo que queremos o a la persona que deseamos, es solo una interpretación de nuestra mente a la que le dimos un valor y creemos que sin eso nos sentiremos vacíos.

Podemos pensar que es fácil deshacernos de un deseo, pero la emoción o el sentimiento, pueden vivir dentro de nosotros por mucho tiempo y para eliminarlo hay que hacerle un funeral. Bien dicen que lo que no muere periódicamente envejece peligrosamente.

Hay muchas maneras de dejar ir, puede ser por medio de meditación, visualización, limpias, terapias, cartas dirigidas a la persona para después quemar, borrando a la persona de tu celular y redes sociales, etc. Si te cuesta trabajo hacer esto, quiere decir que no has tomado la decisión real de soltarlo.

No importa el medio, lo que importa es la intención con la que trabajes, la que funcione para ti, siempre será la mejor.

Por ejemplo, si hemos perdido un amigo, una pareja, un trabajo o bienes materiales debemos recordar que todo lo que nos pertenece por derecho divino nada ni nadie nos lo puede quitar.  

Si lo que perdiste es realmente para ti, tarde o temprano encontrará la manera de regresar a ti.

Te recomiendo un ritual de despedida a eso que quieres dejar ir, puedes expresar tu dolor y reconocer lo aprendido, agradecer por eso y dar la bienvenida a lo que el Universo tenga para ti.

Elimina el deseo que no nació para SER, eso solo vino para conectarte con tu verdadera esencia y abrirte al conocimiento de lo que es bueno y no es bueno para ti a nivel espiritual. Dejar ir es un acto de amor, de compromiso y de responsabilidad con tu vida.

Entre más responsable te hagas de la situación, más fácil será aliviar el dolor. Entre menos víctima seas de lo que te sucede, serás más libre. Tu futuro te lo agradecerá. Y como dice el dicho: “Lo que no es para ti, ni aunque te pongas y lo que es para ti, ni aunque te quites”.