Hemos sido insistentes en la sobrevaloración del mercado accionario en Estados Unidos ante un escenario de “optimismo” que, desde nuestro punto de vista, se alimenta de avaricia, FOMO y la esperanza de más dinero gratis en estímulos e inyecciones de liquidez por parte de la Reserva Federal; este efecto podría mantenerse por algún tiempo, pero la historia y los números dicen otra cosa, las matemáticas son exactas.

El problema es que a pesar de la recuperación económica y el optimismo hacía el futuro, la solución al problema solo lo va a agudizar, los fuertes cañonazos de dinero no son garantía de crecimiento económico y este debería ser el principal catalizador para sustentar al rally alcista; sin embargo, el mercado sigue sin bases sólidas desde el punto de vista fundamental.

Regresando al tema de la actual valuación, esta supera a las dos crisis anteriores y a la de 1929. Hace un año el mercado dio un aviso y sufrió una corrección del 35%, ante el temor de los inversores por el inicio de la pandemia COVID-19, pero el rescate de la política económica estadounidense con la intención de estabilizar al mercado solo provocó más exuberancia irracional por parte de los inversionistas.

Actualmente se respira un clima de optimismo y en el sentir de los inversores principiantes ya pasó lo peor: “Esta vez fue distinto”, “Existen nuevos paradigmas”. Este sentimiento no solo los ha llevado a inflar el mercado accionario y tomar posiciones en activos extrabursátiles como las opciones call, sino que lo han hecho en acciones altamente especulativas como las penny stock, en las cuales el volumen, en el último año, se disparó desde cinco hasta los 44 billones de dólares, un nivel histórico para este mercado. Aunado a la euforia en las criptomonedas que, desde nuestro punto de vista, siguen sin ser un valor estable y están lejos de poder considerarse una unidad de cuenta.

Aunque existen diversos factores financieros, como los mencionados que siguen poniendo en riesgo al mercado, son dos variables las que tienen contra las cuerdas al banco central estadounidense y que van a causar fricción en el mercado de valores: la inflación y la tasa de interés, factores que los inversores con menos experiencia desconocen.

Estas variables se encuentran altamente correlacionadas, la propia reactivación podría jugar en contra del mercado y terminar con la complacencia actual del mismo al incrementarse la demanda. Además de un escenario de alta liquidez, es inminente que se dispare la inflación. El único mecanismo para frenar el alza de precios es poner un freno a la política monetaria expansiva mediante el aumento de la tasa de interés.

Pero si se cierra el grifo del dinero que, hasta ahora es el drive más importante para los inversionistas, ¿cuál sería su catalizador?. Cabe mencionar que las tasas altas frenan el crecimiento económico y este es el que debería ser el verdadero incentivo para la bolsa; tanto la FED como los inversores se enfrentarán a una encrucijada. La ecuación de tasas bajas más aumento en la demanda, sin inflación, no existe. Veamos cómo terminará la historia para la actual complacencia del mercado.

Humberto Calzada Díaz, economista en Jefe de Rankia Latam.