El foco de atención en la coyuntura actual en Estados Unidos todavía está puesto en los temores de que aumenten las presiones inflacionarias. Este ritmo en el aumento en el nivel de precios supondría, para algunos especialistas, que la economía crece de manera acelerada o, incluso algunos aseveran –principalmente los analistas de algunas corredurías– que es el inicio de una expansión; con este argumento justifican el nivel actual de valoración en el mercado de valores.

La inflación es el aumento generalizado de precios, pero éste depende de su detonante: la oferta monetaria. Actualmente, nos encontramos con un agregado monetario M2 en niveles históricos, factor que mantendría por un tiempo prolongado presiones inflacionarias.

Esta recuperación económica que presentan los Estados Unidos ha sido artificial, el exceso de estímulos monetarios y financieros ha impulsado a un crecimiento con esteroides, por lo cual algunos economistas tienen la creencia de que este despegue económico es real. Si bien han crecido las ventas por un efecto monetario, hay un contraste marcado con el empleo y el aumento de los salarios, variable que ha sufrido una severa contracción desde hace algunas décadas.

Esta demanda artificial que ha generado altos niveles de inflación podría devenir en algunos problemas si no comenzamos a ver recuperación en los salarios. Esto no es sostenible.

Si los precios continúan en aumento y los ingresos de los trabajadores no crecen, podríamos comenzar a ver una contracción en la demanda, lo que aumenta la probabilidad de que una conjunción de estas variables nos lleve a un escenario pesimista llamado “estanflación”, y después volver a la “deflación”.

Hemos insistido que la impresión masiva de dinero y estímulos fiscales fueron los factores que impulsaron la inflación en el mercado accionario y en la economía, no un crecimiento orgánico real donde la riqueza se genera a partir de la actividad productiva. Cuando se terminen estos apoyos podríamos ver un fuerte retroceso en los mercados y la economía, hecho que confirmaría que el crecimiento artificial es insostenible.

La velocidad del dinero nos daría una señal, debido a que se ha comenzado a desacelerar fuertemente desde hace dos décadas; pero en los últimos años la caída ha sido más pronunciada, reflejo de que el dinero no está circulando de manera eficiente en el intercambio de bienes y servicios, y menos se ha destinado a la inversión productiva.

Muchos economistas, inversores y analistas han comprado la falacia de que estamos en la antesala de un “boom económico”, la realidad es que la política económica en Estados Unidos mantiene esa falsa retórica de que la impresión masiva de dinero o el alto nivel de endeudamiento serán los impulsores del crecimiento económico.

El Tesoro estadounidense y la Reserva Federal se enfrentan a una gran encrucijada, y las soluciones solo agudizaron el problema. Los estímulos no son eternos y cuando se encuentren acorralados no tendrán más opción que optar por un remedio doloroso que causará estragos en la economía y los mercados. Esto apenas comienza.

Humberto Calzada Díaz, economista en Jefe de Rankia Latam.