La semana pasada escribía de cómo el cine de horror y terror ha predominado desde siempre en la historia del séptimo arte y ahora, incluso, se cuela en las grandes premiaciones, porque este año las películas Titane y Annette se coronaron en Cannes con los reconocimientos a la Palma de Oro y Mejor dirección, respectivamente.

Pero, ¿realmente merecían ganar? En mi perspectiva de cinéfilo y cineasta les doy un rotundo NO, y a continuación dirimo sobre el asunto.

Titane es una cinta que parte del horror gráfico a cuadro, con una historia inverosímil, que es innecesaria. Describiré la premisa y ustedes ya juzgarán: Una modelo tiene relaciones sexuales con un Cadillac (¿?), queda embarazada y tiene una sed de asesinar a quien se le ponga enfrente.

Annette, aunque no pertenece a estos géneros, sí es una fantasía/ musical, que ronda alrededor de una pareja profundamente enamorada que da a luz a una marioneta (¡?), lo cual parece perfectamente normal en esa realidad presente.

Cuando vi estos largometrajes me cuestioné: ¿quién ha sido el presidente del jurado de este año? Y ahí creo que inició la respuesta de estas irreverencias sucedidas. En el festival francés fue Spike Lee, quien dicho sea de paso es el primer cineasta negro en encabezar el puesto mencionado.

Mucho se especula de esta ceremonia acerca de que si ya era momento de la inclusión de género, de la equidad racial, entre darle el paso a nuevas generaciones, porque Titane es dirigida por la cineasta francesa de 37 años, Julia Ducournau, quien dirigió Voraz (2016), otra película de horror.

Ella dejó en la banca de “mejor suerte para la próxima” a grandes de la cinematografía como Wes Anderson con La crónica francesa, Paul Verhoeven con Bendetta, Bruno Dumont con France y Justin Kurzel con Nitram, sólo por mencionar algunos.

Entonces, ¿Titane ganó por moda al horror o por mérito de la directora o porque era la favorita de casa?

Me remontaré a hace una década, cuando Drive, de Nicolas Winding Refrn, estuvo nominada a la máxima presea en Cannes. La película, pese a que no es de horror ni terror, sí mostraba un uso de violencia inusitada a cuadro, y varios críticos mencionaban que era la película que merecía ganar, pero que no se llevaría el triunfo a casa.

Ese año también Pedro Almodóvar competía por la Palma de Oro con La piel que habito, cinta que sí raya en el horror, aunque es más un thriller psicológico, y que también se quedó con las manos vacías. Ese año Terrence Malick salió rampante con El árbol de la vida, y el jurado fue presidido por Robert De Niro.

Evidentemente, tanto Drive como La piel que habito tienen una excelente manufactura, que deja por los suelos a Titane, lo único que sí logró Winding Refrn hace una década fue el premio a Mejor Director, el equivalente a Leos Carax con Annette.

Pero la verdad sea dicha, algo salió mal en Cannes y no sé si esto tenga reparo a futuro.

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