En el cine existe un gusto intrínseco por explorar historias que tienen que ver con lo macabro, esto es claro desde sus inicios, con películas silentes como El fantasma de la ópera (1925), Nosferatu (1922), El gabinete del Dr. Caligari (1920) y así podemos continuar la lista en estos tiempos primigenios del séptimo arte.

Desconozco a qué se deba esta ávida afición por el horror y terror. Confieso, que fuera de estos clásicos y algunos otros ejemplos emblemáticos, son pocos los largometrajes que me atrapan de esta temática, aunque reconozco que millones de personas solo acuden o ven cine gracias a estas ficciones sobrenaturales.

Entonces, ¿el horror y terror son una moda pasajera, permanente o constante? Es una gran duda que me surge, justo ahora que estamos por llegar a las festividades que todavía resaltan más este tipo de cine.

Por ahora, en cartelera está por llegar El misterio de Soho, la nueva producción de Edgar Wright, y sí, esta cinta es de horror, pero me atreví a darle una oportunidad por su director.

El cineasta británico de 47 años de edad viene de hacer Baby driver (2017), una excelente película de acción del género Heist, que en español sería todo lo relacionado a robos, además, previamente Wright dirigió Scott Pilgrim vs. los ex de la chica de sus sueños (2010) entre otros largometrajes en los que la música tiene un papel sobresaliente.

Decidido a solo dejarme llevar por el talento del realizador, El misterio de Soho nos adentra a un Londres moderno que es cruel con Eloise “Ellie” Turner, quien viene del campo y desea convertirse en una diseñadora de moda y no logra adaptarse a la gran ciudad, pero de noche, en su habitación, al caer en los brazos de Morfeo, vive una realidad alterna dentro de sus sueños.

Reconozco que la premisa es interesante, Wright logra una atmósfera única al compaginar la misma ciudad, en dos tiempos distintos, y nuevamente hace uso de todo el arsenal musical que le encanta exhibir en sus filmes, destacando canción tras canción, desde el rock and roll clásico, hasta las baladas pop de la década de los 60, que es donde transcurren los momentos oníricos de Ellie.

Sin embargo, cuando todo parece ir viento en popa, el filme se cae estrepitosamente con un efecto dominó. Wright aplica un Deus ex machina, o sea, de la nada busca resolver el conflicto principal, con un “giro inesperado” que en verdad resulta, pues, desastroso.

Así como esta cinta, llegarán más en esta temporada de Noche de brujas y Día de muertos, como la también ganadora de la Palma de Oro en Cannes este año, Titane, de la directora Julia Ducournau, que llama la atención al llevarse esta máxima presea en el festival de la Riviera francesa.

Pero no olvidemos que Drive (2011) le abrió brecha a este cine estridente en la misma premiación, pero de eso escribiré más, próximamente, queridos lectores.

La opinión expresada es responsabilidad del autor y no representa la posición del medio.