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Opinión
Celuloide

Yo también espero lo mismo.

 -¿Qué?

-Volvernos a encontrar.

-Ya lo hemos hecho.

Vértigo (1958)

Un hombre, un trastorno, una mujer, un destino, una muerte, un delirio, una desavenencia, un reencuentro, una duda y la fatalidad duplicada.

Alfred Hitchcock tomó la novela francesa D’entre les morts, de Pierre Boileau y Thomas Narcejac, hace 60 años y la llevó a la pantalla grande bajo su peculiar visión del film noir, convirtiéndola en un clásico que hasta el día de hoy es recordado como cine de culto.

Todo está dicho en torno a Vértigo, cinta que, incluso, desbancó a El ciudadano Kane (1941) como la mejor de toda la historia, según la encuesta de los críticos realizada por la revista Sight & Sound— publicada por el Instituto de Cine Británico— en su edición de 2012.

Justo en la posición 50— la última del listado— descansa La jetée, de Chris Marker, cortometraje de fotogramas monocromático realizado en 1962, en Francia, en el que su director hace una clara referencia al filme de Hitchcock.

Una mujer y un hombre errantes de un presente pasean por un parque, en el que encuentran el tronco de un árbol secuoya partido por la mitad, en sus anillos se observa el paso del tiempo, ambos se encuentran inmutados por percibir lo efímera que es su vida en comparación con lo que vivió esa planta gigante, ahora deforestada.

La jetée posteriormente fue adaptada por Hollywood como Doce monos (1995), dirigida por Terry Gilliam. Cuando los protagonistas de la película evaden la ley, entran a un viejo cine donde justo está proyectándose en la sala un escena de Vértigo, James Cole (Bruce Willis) se atormenta porque cree haber visto el largometraje de niño, pero ahora en su adultez es un recuerdo borroso sin sentido.

“Eso es lo mismo que nos pasa a nosotros, como el pasado. La película no cambia, no puede cambiar, pero cada vez que se ve es distinta porque uno ha cambiado, uno se fija en otras cosas”, le dice Cole a su acompañante, la doctora Kathryn Railly.

A lo que Railly le responde: “Si no podemos cambiar nada, aprovechemos, que el tiempo es oro”.

Vértigo expone el remordimiento humano mezclado con deseo, por un amor que termina abruptamente con el suicidio de Madeleine Elster, pero que a su vez revela otra pasión que florece entre el detective John Ferguson y Judy Barton, ya que el investigador se obsesiona con la apariencia de la nueva conquista por semejarse a la difunta.

¿Estamos condenados a repetir las ruinas circulares en nuestro futuro? ¿Todo es una compulsión a la repetición? ¿Somos una copia de una copia que sólo fracasa generación tras generación?


* Esta opinión no refleja la del periódico

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