A los 82 años, Roberto Gómez Bolaños debutó en Twitter con su frase “síganme los buenos”, tres años después logró 6.9 millones de seguidores. Sus tuits comprobaron la genialidad del gran Chespirito.

“No morí. Lo confirmo todos los días por la mañana. Y hoy, otra vez amanecí, hasta guapo diría yo”.

“Para qué quieren mi perfil si soy más guapo de frente” -hablando del perfil que pide Twitter-.

“Yo aquí disfrutando de mi regalo de cumpleaños, Gracias, no salgo por que hoy no me peiné”.

Sin importar la edad, nos hizo reír y lo sigue haciendo, a pesar que el último programa grabado de “El Chavo” se hizo hace 24 años.  Parece que el tiempo no ha pasado y las bromas de buen gusto siguen vigentes.

La elegancia de la broma, con estilo y metáfora. La broma que sale de lo no dicho, del gesto, de lo que no se anuncia. Aquella que fluye en la imaginación del que la escucha. Donde la creatividad se potencializa cuando se debe de evitar a toda costa el insulto; sin embargo, no se está limitado a ir mas allá.

Esa es la genialidad que murió con Chespirito, pero que debemos de recuperar con nuevos talentos.

Nos estamos quedando sin lenguaje, apenas y sabemos hablar. Las abreviaciones para comunicarnos en textos o en los 140 caracteres que tenemos para expresarnos están provocando que ya nos sepamos escribir.

La creatividad se ha visto afectada por la ignorancia lingüística, que ha hecho que la broma de buen gusto sea desplazada por la burla que insulta, el uso de groserías y la violencia extrema.

Las nuevas caricaturas nos presentan personajes altivos que buscan divertir a través de la violencia.

Otros, con pocos modales, donde las flatulencias, eructos y burlas, son el artilugio para causar risa. O bien están los de dudosa sexualidad como Patricio, el mejor amigo de Bob Esponja. Llegamos al punto donde los villanos son los protagonistas y las buenos son los tontos.

Nos quejamos del mundo en que vivimos. Pero, ¿dónde quedó la inocencia colectiva, los corazones buenos, el hacer el bien? ¿Dónde quedaron los héroes del día a día. Políticos, empresarios, maestros, y demás que quieren hacer bien las cosas?¿Dónde quedó la mínima decencia?

La distorsión social, reflejada a diario en las noticias, no son más que reflejo de lo que se pierde cuando los talentos geniales como el de Chespirito son suplidos por otros que piensan que la risa debe salir de la burla y la grosería. De ahí se mal educan nuestros hijos y nosotros mismos. Acostumbrados cada día más a lo visceral.