Sin duda el regreso de Peña Nieto a México después de su gira por Francia está siendo estripotoso. Además de que la fuga de El Chapo va a complicar el resto de su sexenio, la primera licitación de hidrocarburos, carta de presentación de la Reforma Energética, no fue un éxito. 

En términos logísticos, la Ronda Uno aconteció sin problemas. Incluso medios internacionales aplaudieron la transparencia con la que fue manejada la licitación: todos pudimos verla a través de distintos medios de comunicación.

La subasta se llevó a cabo de la siguiente manera: la información técnica de los pozos a licitar fue presentada en enero de 2015, dando seis meses a las empresas para estudiar sus ofertas.

Para poder participar, las empresas debían cumplir con ciertos requisitos operacionales y financieros. Estas podían participar ya sea como operadores independientes o en consorcio. De las 25 empresas registradas, solo nueve decidió realizar una propuesta.

La oferta ganadora es la que sumara más puntos de acuerdo a la siguiente ponderación: la oferta de participación del estado tenía un valor de 90 por ciento , mientras que el resto 10 por ciento equivalía a la inversión adicional. Se impusieron cuotas mínimas: en los bloques 8, 11, 13 y 14, la oferta de participación del Estado debía ser mínimo de 25 por ciento, mientras que en el resto el mínimo debía ser de 40 por ciento.

De las nueve empresas participantes, solo cuatro empresas hicieron ofertas por encima de lo requerido por Hacienda, tres empresas hicieron ofertas por debajo de lo requerido y  otras dos no hicieron ofertas en lo absoluto. 

Es importante subrayar que de entrada no se esperaba una competencia feroz debido a que son pozos de exploración, no de producción: por lo que la probabilidad de éxito comercial es baja. 

Los resultados del miércoles, sin embargo, no fueron los esperados. La Comisión Nacional de Hidrocarburos preveía licitar entre el 30 y 50 por ciento de los 14 bloques que entraron en concurso.

De los 14 bloques, sólo el bloque 2 y 7 fueron licitados con éxito: es decir el 14.3 por ciento.

De los restantes:, ocho bloques no recibieron oferta alguna y cuatro recibieron  ofertas por debajo del mínimo impuesto. 

En el bloque 2 se hicieron dos ofertas, donde el ganador fue el consorcio Sierra Oil & Gas, Talos Energy y Premier Oil. En el bloque 7 se hicieron se hicieron 5 ofertas, una fue desechada por no llegar al mínimo requerido y el ganador fue el mismo del bloque 2. 

Se me ocurren dos ideas para explicar estos resultados.

La primera es lo que mencioné anteriormente: por ser pozos de exploración, las licitaciones no fueron tan atractivas para los inversionistas. 

La segunda es la idea paranoica: los licitantes inhibieron sus ofertas para presionar a la baja los valores mínimos de oferta de producción del Estado impuestos por la Secretaria de Hacienda. 

Si algo parecido a esto ocurrió, es muy peligroso para el éxito de la apertura del mercado energético mexicano. El diseño de la subasta tendría que replantearse para asegurar una verdadera competencia.

Esto se vuelve más difícil cuando las subastas son juegos repetidos: es decir, cuando los mismos consorcios compiten entre sí múltiples veces. Esto añade incentivos a las empresas a recurrir a prácticas de colusión. 

Ya veremos qué pasa en las siguientes etapas.