Entró y salió varias veces de la empresa que su padre dirigía. Era una confrontación constante entre dos espíritus emprendedores, pero con diferentes formas de ver el mundo.

“Los dos jalando para diferente lado, no cabíamos”, recuerda Sergio Díaz, director general de Bardahl, que en julio de 2018 vendió 40% de la empresa a Repsol, una empresa multinacional de energía de origen español.

Por eso, con la soberbia de su juventud, Sergio dejó por primera vez la empresa de su padre a finales de 1999, durante la fiebre de las puntocom. Casado y con tres hijos, se fue a San Antonio, Texas, donde fundó una página web de venta de excedentes de autopartes, para después ampliarlo a refacciones. “Mi idea era hacer ‘oxxos’ de refaccionarias”, dice.

Tiempo después regresó a México, y se fue a vivir con su familia a Querétaro, donde siguió con el proyecto de su página, que se llamaba mitaller.com.

El emprendimiento se volvió un rotundo fracaso debido a varios factores: la calidad que había de internet entonces era muy mala, lo que no permitió que franquiciatarios pudieran subirse al mismo sistema que él había desarrollado; descuidó el negocio en Estados Unidos, donde había comenzado; no tenía suficiente poder de compra para tener inventarios, además de que las refacciones se volvían caducas y obsoletas muy pronto. 

“Tenía todos mis ahorros metidos ahí. Volví a arrancar de cero, pues perdí dinero y tuve que cerrar y liquidar inventario”, cuenta.

Para Sergio fue un momento muy doloroso porque significó que no había logrado lo más importante que buscaba como emprendedor: “Demostrarme a mí y a mi papá que yo también podía hacerlo.”

La primera lección que aprendió fue tragarse el orgullo y reconocer con humildad que fracasó. “Duele fracasar, pero quien no ha fracasado va a ser muy difícil que logre hacer algo importante más adelante.”

Como lo explica Peter Barron Stark, “la arrogancia cruza la línea de la confianza. Las personas arrogantes creen que ya no tienen la necesidad de aprender, crecer o cambiar. Creen de todo corazón que tienen razón y que los demás están equivocados.”

La segunda lección que aprendió Sergio fue jamás volver a emprender en un negocio desconocido del que no fuera experto. “No te metas en algo que no sepas hacer”, dice.

Ahora, ocho años después de regresar a la empresa familiar y dirigirla, aplica esta lección con su propio hijo, con quien ha fundado una nueva empresa en Estados Unidos: Gear Hugger, que desarrolla lubricantes ecológicos y no tóxicos, hechos a base de plantas.

Este nuevo producto verde podría, en algún momento, convertirse en el futuro de Bardahl.

Por eso Sergio tiene claro que no importa que vengan nuevos fracasos. Esta vez los mirará con humildad, pero sin dejarse caer jamás en su zona de confort y sin escuchar tampoco a los críticos que siempre auguran la derrota a quienes no se quedan quietos. “No dejen de intentarlo porque no hay mayor satisfacción que volver a intentarlo una y otra vez.”

Genaro Mejía es periodista digital y de negocios con más de 20 años de experiencia y LinkedIn Top Voices 2019