Después de observar una profunda caída en la economía de 2020 –que, desde nuestra perspectiva, solo es una recuperación que ha llevado a algunos indicadores a recuperar niveles previos a la pandemia–, existe un panorama que refleja muchas debilidades a nivel macroeconómico en Estados Unidos.

La situación de las casi 30 millones de microempresas estadounidenses que son la base del aparato económico de ese país, y que actualmente representan aproximadamente 70 por ciento del total del empleo, envían algunas señales de preocupación.

Desde 2019, en comentarios de análisis que realizamos en Rankia, advertimos de la debilidad en algunos indicadores económicos que daban indicios de señales recesivas. Mencionamos sobre el inicio de una fuerte desaceleración en la inversión privada, esta variable está ligada al comportamiento de las pequeñas empresas, ya que de esto depende en gran parte el gasto de capital de estas compañías.

En encuestas realizadas por parte de la Federación Nacional de Negocios Independientes (NFIB por sus siglas en inglés), los propietarios de las pequeñas empresas no tenían una perspectiva tan optimista sobre el futuro de la economía.

Si bien los recortes a las tasas de interés y la reforma fiscal realizada en 2017 apuntaban a un “boom” económico en la era Trump, la guerra comercial cimbró la confianza de las empresas y estas decidieron no apostar su capital en el futuro de la economía.

En el dato de la última encuesta se refleja una mejora en la confianza de los empresarios respecto a marzo del año pasado. Este aumento solo representó 0.6 puntos, una muestra de que todavía existe una marcada debilidad en el sentimiento de los dueños de las pequeñas empresas, factor que puede tener un impacto negativo en variables como el empleo, gastos de capital y las ventas.

Desde nuestra visión, nos encontramos todavía lejos de un auge o expansión económica. El principal argumento del consenso de los analistas es que la demanda se encuentra reprimida y que la reapertura total de la economía supondrá un “boom” económico; no obstante, la realidad es que esta recuperación que inició en el segundo trimestre de 2020 fue impulsada por estímulos fiscales que inflaron el crecimiento de manera artificial con esteroides, como refieren algunos colegas economistas.

Las últimas encuestas realizadas por el NFIB siguen arrojando dudas sobre el futuro de la economía estadounidense, la expectativa sobre la inversión en capital continúa siendo débil y no se ha alejado de niveles recesivos.

La interrogante que deben hacerse los analistas económicos que pronostican un futuro optimista y una época de “Ricitos de oro” para la economía, como lo mencionó en semanas anteriores el CEO de uno de los bancos de inversión más grandes de Estados Unidos, es: ¿Por qué las empresas no están dispuestas a realizar inversión productiva?

En el supuesto de que se presente la explosión en la economía, estas compañías, en las que recae el aparato económico, apostarían fuertemente por gastar en capital para poder satisfacer la demanda.

Los datos de inflación recién publicados nos estarán dando señales de la maniobra que puede realizar la política monetaria que, hasta el momento, sigue con una postura de complacencia.

En el caso de la política fiscal creemos que comienza a dar muestras de mayor prudencia, cualquier movimiento de tasas o aumento de impuestos podría ser el freno para los mercados que suponen el inicio de una época dorada en la economía; sin embargo, la decepción puede ser mayor y se podría desinflar la burbuja que la misma política económica creó.

Humberto Calzada Díaz, economista en Jefe de Rankia Latam.