¡Tu navegador no soporta JavaScript!
Opinión
Tabla rasa

Tabla Rasa

Jugar en serio

imagen autor
Paulina Villegas
paulina@twitter

Ago 6, 2018
Lectura 4 min

Dos peces jóvenes que nadaban felices cuando un tercero, un tanto mayor se cruza con ellos nadando en dirección opuesta. Los saluda con un gesto : “Buenos días, ¿cómo está el agua? Los dos pecesillos siguen nadando y eventualmente uno de ellos le pregunta al otro “¿Qué carajos es el agua?”

Así inicia el discurso del titán de las letras David Foster Wallace al dirigirse a estudiantes de la universidad Kenyon College en 2005, en lo que se convertiría en uno de los discursos de graduación más elogiados de la historia.

Con la misma alegoría Wallace no intentaba aleccionar a los jóvenes estudiantes sobre cómo pensar o vivir, ni mucho menos imponer una moralidad para enfrentar la realidad que les esperaba. Les hablaba más bien de la posibilidad de una vida adulta basada en la compasión hacia el otro, mirando más allá de la superficie del tedio de la cotidianidad, recordándonos que siempre habrá múltiples formas de verla y experimentarla.

Esto basado en el más grande poder que tiene el ser humano, el de la decisión. “Ese poder para experimentar una situación atiborrada de personas, ruidosa, lenta, consumista, no solo cómo una llena de sentido, sino como algo sagrado,” dijo en su discurso el novelista norteamericano.

“Con ese fuego que ilumina las estrellas, el de la compasión. El amor, y la sub-superficie que une a todas las cosas”.

Los peces desconocían el agua que le rodeaba, en la que transcurría su existencia. Pero su ignorancia no era por estar ciegos, sino por una cuestión de elección.

La ironía de la pesadumbre de la vida adulta, con todas sus micro torturas cotidianas, es que somos nosotros mismos los que conscientemente decidimos darle o quitarle valor a las cosas. Decidimos a quién o a qué idolatrar.

Es en el soleado verano cuando se tiene el lujo de pensar en estas cosas. Los hábitos que queremos cambiar, pasatiempos a retomar, escarbando los rincones de nuestra rutina, buscando desesperadamente algún sentido.

Pero parecería que este tiempo de descanso que da pie a la reflexión se da solo en periodo vacacional como si se tratara de otro entrenamiento, recargue de pilas, para regresar a la vida productiva, hiperdinámica y llena de responsabilidades.

Para jugar, están las vacaciones. Ese juego entendido como la acción y efecto de jugar por entretenimiento, por placer. Ahí está el error que impide la eudaimonia.

Gurús, expertos, coaches , filósofos contemporáneos, nos instan todos a meditar, deshacernos del gluten, del estrés maniaco, del azúcar, a pasar más tiempo en la naturaleza, a meditar, a “estar presentes” vivir en el “aquí y ahora” ¿cómo si se pudiera estar en otro lado? A ser felices. Libres.

El “ahora” es el imperativo, el equilibrio es el ideal.

Pero parecería que el torrente de consejos impositivos del tan de moda “mindfulness” se vuelve un tanto tiránico porque deja poco espacio para la compasión, el entendimiento y la empatía con los grises, con los altibajos naturales de la vida y sobre todo suprime-sin éxito- el peso de la circunstancia individual que define en gran parte el sentido de nuestra vida, en un sentido específico, y no en abstracto.

El profesor de filosofía del Instituto de Tecnología de Massachusetts Kieran Setiya, habla precisamente de cómo “vivir en el presente” y desmitifica el slogan de filosofía pop 2.0 aclarando que este no significa renunciar a tu trabajo o abdicar a un sentido de responsabilidad ética.

Se trata más bien de ser conscientes, de lo mínimo y o trivial y depositarle el sentido que tanto queremos.

Jugar. De hacer todo aquello que no tiene un fin a futuro, sino un valor intrínseco (leer un libro, salir a caminar, pensar.)

Se trata de que te importe y disfrutes el proceso y la persona que tienes enfrente—aunque sea la cajera del supermercado que te dice el total de tu cuenta con voz autómata- y no solo los grandes proyectos que pretendes completar.

Si seguimos dejando pasar desapercibida el agua en la que nadamos, enfocándonos en la promesa del futuro y los supuestos frutos de tu productividad, corremos el irónico riesgo de perdernos la vida, esa que tanto nos preocupa.

“Es sobre la simple consciencia de lo que es real y esencial, pero a veces tan escondido a plena vista alrededor de nosotros, que tenemos que recordarnos: Esto es agua, esto es agua.”


* Esta opinión no refleja la del periódico

Notas relacionadas

Sep 3, 2018
Lectura 4 min

Tabla Rasa

Fronteras

Paulina Villegas


Sep 3, 2018 Lectura 4 min

Jul 9, 2018
Lectura 4 min

Tabla Rasa

La noche y el día

Paulina Villegas


Jul 9, 2018 Lectura 4 min

Jun 11, 2018
Lectura 4 min

Tabla Rasa

Un voto histórico

Paulina Villegas


Jun 11, 2018 Lectura 4 min

May 7, 2018
Lectura 4 min

Tabla Rasa

¿Y Bernardo?

Paulina Villegas


May 7, 2018 Lectura 4 min

Comentarios