De enero a junio de este año, al menos 47 mujeres fueron quemadas de manera intencional en nuestro país. Niñas, adolescentes y mujeres son víctimas de entre uno y dos ataques de este tipo cada semana, en promedio, en México.

Las historias de mujeres quemadas vivas empezaron a ser recurrentes en diferentes estados del país, de acuerdo con las noticias en medios de comunicación. Tragedias que no deben ni pueden normalizarse, y tienen que ser sancionadas, pues no se puede quemar a mujeres bajo el argumento de hacer justicia por propia mano.

Por eso es que presenté una iniciativa para sancionar los delitos de lesiones por razón de género, mismos que hasta ahora no están tipificados y que, por ende, dan impunidad a quienes los cometen.

La iniciativa tiene el propósito de incorporar al Código Penal Federal el delito de lesiones por razón de género con la intención de establecer penas más severas para los criminales que utilizan fuego, ácido o cualquier sustancia corrosiva para lastimar a niñas, adolescentes y mujeres.

Pero no solo eso, esta iniciativa también plantea sanciones a las autoridades de los tres órdenes de gobierno que por omisión no cumplan con su deber en la protección de las víctimas.

Cuando las autoridades que tienen este mandato no lo cumplen, inmediatamente están en contra de la víctima y se vuelven cómplices del victimario, además de, evidentemente, fortalecer la impunidad.

Ahí está el caso de Luz Raquel, en Jalisco, quien murió quemada y en el proceso de investigación se pretendió señalar que ella había provocado -o se había provocadoa sí misma esas quemaduras hasta causarse la muerte.

Esta iniciativa busca que las víctimas o sus familias puedan recibir justicia, ya que en algunos casos logran sobrevivir y requieren de una atención integral, de terapias y de cirugías.

Son muchas las historias de mujeres que exigen la detención de sus victimarios, que no pueden salir a la calle para no ser señaladas, que viven atemorizadas de que su agresor aparezca de nuevo para acabar con su vida.

Ahí está la historia de Margarita Ceceña, quien fue quemada viva por su cuñado tras rociarla con gasolina y prenderle fuego durante una discusión familiar; o la de Carolina, quien una mañana cuando se dirigía a la escuela, su exnovio, quien es químico, derramó un líquido corrosivo sobre su rostro y brazo, provocándole quemaduras de cuarto grado.

De no ser por los medios de comunicación no sabríamos de estas barbaries, de estos ataques de odio que se cometen a diario en el país y muchos de ellos se quedan en el silencio de las víctimas.

Por las que viven con quemaduras, por las que murieron y por las nuevas generaciones de niñas, adolescentes y mujeres es que los delitos por razón de género no pueden quedar impunes.