La intolerancia política provoca  incontenibles brotes de hartazgo

Intolerancia política

La dinámica imperante entre las naciones latinoamericanas pone de manifiesto la fragilidad de los gobiernos establecidos, mostrando el desgaste de políticas neoliberales, así como de los efectos negativos entre la población por la pobreza imperante, la desigualdad social y el abuso del poder de las élites de todo tipo, en términos generales. Los cambios de […]

La dinámica imperante entre las naciones latinoamericanas pone de manifiesto la fragilidad de los gobiernos establecidos, mostrando el desgaste de políticas neoliberales, así como de los efectos negativos entre la población por la pobreza imperante, la desigualdad social y el abuso del poder de las élites de todo tipo, en términos generales.

Los cambios de tendencias políticas de gobiernos de derecha, izquierda,

populistas, autócratas, dictadores (Venezuela y Nicaragua) violación a los derechos humanos, escándalos recurrentes de corrupción, (Cristina Fernández de Argentina) abusos de poder, procesos judiciales y encarcelamiento de ex presidentes o en funciones, siguen dando de qué hablar en el mundo de la política.

El hecho más reciente fue lo sucedido el día de ayer 7 de diciembre cuando los medios de información consignaron los eventos políticos ocurridos en la República del Perú cuando el ministro de Relaciones Exteriores de ese país, informó al mundo que; «el presidente Pedro Castillo ha dado un golpe de estado en su país»

El presidente de izquierda Pedro Castillo (quién ocupó el cargo de presidente del 28 de julio del 2021 hasta este 7 de diciembre del 2022) apareció en televisión leyendo un documento con un evidente nerviosismo, para anunciar su decisión de; “disolver el Congreso”, “declaración del “toque de queda para toda la población”, “instalación de un gobierno de emergencia”, “promulgación de una nueva constitución” así como la “reorganización del poder judicial”.

Las decisiones del presidente Castillo, con características de golpe de estado, provocó de inmediato una severa crisis política en el país, que derivó en la decisión del congreso, de destituir al presidente Castillo, por su «permanente incapacidad moral»

Pedro Castillo salió por la puerta trasera del palacio de gobierno donde fue detenido.

Lo sustituye en el cargo la hasta entonces vice presidenta Dina Boluarte quien horas más tarde de ese mismo día, juró ante el congreso nacional como la primera mujer presidenta del Perú.

La primera declaración de la presidenta Boluarte fue un vehemente llamado a la población para iniciar una «tregua política, instalar un gobierno de unidad, y combatir la corrupción imperante con el apoyo de la Fiscalía y Contraloría de aquella nación»

Políticamente Dina Boluarte proviene de una larga carrera como servidora pública y militante del partido político Perú Libre de formación política de izquierda.

En unos cuantos días más, se conocerá con claridad las primeras decisiones de Diana Boluarte como presidenta, desde cuánto durará en el cargo, y la tendencia política que guiará sus decisiones.

Lo que resulta comprobable desde este momento, es la peligrosa polarización social y política, por intolerancia de todas las partes y la falta de diálogo, que perjudica severamente a la población.

Mientras tanto, al otro lado del planeta, ayer mismo, el gobierno alemán, frustró un intento de golpe de estado con la detención de 25 integrantes de un grupo de extrema derecha, a quienes definieron como «militantes enemigos de la democracia» que «pretendían armarse y asaltar el Parlamento alemán».

Por si fuera poco, la invasión rusa a Ucrania sigue generando miles de muertos civiles y millones de refugiados.

Parece que la intolerancia política, por distintas razones; crisis económica global, estragos por la pandemia del COVID19, confinamientos, ambición de poder, así como deficientes estrategias de gobernanza, va provocando incontenibles brotes de hartazgo entre la población en distintos puntos del planeta.

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