¡Tu navegador no soporta JavaScript!
Opinión
Nacional
Índira Kempis

Dos agentes de la Agencia Estatal de Investigaciones fueron ejecutados afuera de una tienda en el Municipio de San Pedro Garza García, Nuevo León. Las imágenes parecen sorprender, pero al mismo tiempo, no.

“Uno más”, “dos más”… ¿Uno más de qué? De la lista de asesinatos sin explicación o sentido en un estado de la república al que estas noticias dan indicio de que se acabó la “tregua” de la poca paz que, supuestamente, habíamos alcanzado.

No es la primera vez para una sociedad regiomontana que, acostumbrada al silencio, tiene que revivir lo que en algún momento se quiso enterrar o hasta poner tierra de por medio.

Mientras que a principios del año 2000 las ciudades más inseguras del país eran Tijuana o la Ciudad de México, ese escenario cambió entrados en el 2008. Desde esa fecha las estadísticas no mienten.

La pesadilla urbana que durante estos años quita el sueño de sus habitantes es la delincuencia y violencia.

El impacto fue tal que la Zona Metropolitana dejó de ser lo que fue… el epicentro de la economía mexicana, hoy repartido entre Querétaro, Guadalajara, Ciudad de México y Puebla.

A pesar de los esfuerzos con gran significancia de muchos de quienes colaboramos a diario por la transformación de esta urbe, no hay duda que este monstruo de mil cabezas necesita algo más que la misma creación.

El miedo es natural y eso ha hecho que otra vez caigamos en el juego del “nada pasa”, “ellos porque algo habrán hecho”, “mientras a mí no me toque”.

Esa espiral de la que queremos huir o escapar sin confrontarla porque nos da miedo. Y eso es normal, ¿quién quiere ser presa de lo que la impunidad, los corruptos y la desigualdad han hecho con esta ciudad?

Mejor es no escuchar, sentarse cómodamente, tomarnos unas cervezas o hablar de futbol.

Pero esto no es imaginación. No es un simple recuerdo de imágenes de nota roja que pasan como si hubieran sido ayer.

Tampoco son unas cuantas miles de experiencias propias que muchos habitantes pueden contar con un “por poquito”…

Entonces, precisamente por eso, porque no es sólo percepción y sabemos qué es lo que puede pasar si permitimos que escale es que se debe prestar atención.

Nadie quiere vivir en una ciudad insegura. Pero eso no va a llegar con deseos, rezos o simples voluntades.

La ciudadanía tiene derecho a la paz, pero al mismo tiempo la obligación moral de construirla.

Así que lo que menos se puede hacer es comenzar el conteo de los muertos esperando a que suceda lo mismo… que nos alcance.

Hay que ejercer esos derechos. Exigirlos si es necesario. Aportar en la medida de lo posible no con miedo sino con el valor civil de velar por la integridad de nuestras familias.

Sabemos que, lamentablemente, estas cosas están fuera de nuestro control y que, prácticamente, en un país como el nuestro funciona más el azar que la Ley, pero si no cambiamos el rumbo nosotros, nadie más lo va a hacer.

Y hacer la paz requiere, además, de investigaciones o castigos por parte de las autoridades.

También necesita de nuestros lazos de solidaridad vecinales, nuestra vigilancia y exigencia en respeto a nuestros derechos, de las denuncias correspondientes o de las acciones éticas en contra de cualquier acto de corrupción.

Porque no, lo que hoy está sucediendo en Nuevo León, es todo menos un deja vú.


* Esta opinión no refleja la del periódico

Notas relacionadas

Nov 16, 2018
Lectura 4 min

INDIRAKEMPIS

Militarizar como verbo fallido

Índira Kempis


Nov 16, 2018 Lectura 4 min

Nov 2, 2018
Lectura 4 min

INDIRAKEMPIS

¿Para qué ir a votar?

Indira Kempis


Nov 2, 2018 Lectura 4 min

Oct 26, 2018
Lectura 3 min

INDIRAKEMPIS

En tierra de macho

Indira Kempis


Oct 26, 2018 Lectura 3 min

Oct 19, 2018
Lectura 3 min

INDIRAKEMPIS

¿Migrantes?

Índira Kempis


Oct 19, 2018 Lectura 3 min

Comentarios