Supuestamente la edad trae, entre tantas otras cosas, la madurez de los seres humanos. Sin embargo, es por todos conocido que existen personas entradas en años que actúan peor que adolescentes y por otro lado tenemos a quienes, aun con extrema juventud, se conducen con mesura y control propios de una temprana madurez. Esto mismo ocurre en el terreno financiero, donde tenemos comportamientos que distan mucho de la edad adulta.

Ya he escrito sobre excusarse ante el mundo por ser malos administradores y hoy quiero recalcarlo, pues a lo largo de mis casi veinticinco años dedicado a la educación financiera he encontrado decenas, cientos y ¿por qué no decirlo? miles de pretextos diversos a la hora de evaluar nuestras decisiones.

Así podemos encontrar que la culpa es de mi esposa que todo se lo gasta, o de mi marido que siempre está apoltronado buscando en el techo una aparición mágica de los números premiados de la lotería, sin faltar que mi prole está perdida sin causa y no valora mi esfuerzo. También toca su parte a mis progenitores que no tuvieron a bien educarme como Dios manda y ni qué decir del desalmado de mi patrón que me explota con un miserable salario y extenuantes jornadas laborales.

No olvidemos tampoco a los gobernantes que por corruptos e ineptos (no estoy seguro del orden que deben llevar estos epítetos) no hacen por mejorar mi existencia. Y por si todo fuera poco, entonces tengo que rematar que la culpa la tiene el cambio climático. ¡Eso es! Creo que ya le di al clavo.

Más que vergonzoso es que nunca menciones al verdadero culpable y esto es porque no te atreves a mirar al espejo. Es un hecho que hay imponderables en la vida que pueden afectar tu economía, pero eso es algo inevitable, pues contra viento y marea debemos luchar y salir adelante.

¡Por favor!… es hora de crecer y dejar la inmadurez financiera a un lado. Hazte responsable de tu vida, toma las riendas de tu destino económico y asume que permanentemente, desde el nacimiento hasta la muerte, habrá avatares que deberás enfrentar dada la certeza de que nunca se acabarán los retos en materia económica.

Hay personas que en sus genes ya tienen madurez financiera. Los que no nacimos así, debemos trabajar con denuedo todos los días de la vida. Esta chamba nunca se acaba.

Ya lo dijo el celebérrimo poeta mexicano Amado Nervo hace más de cien años: “… porque veo al final de mi rudo camino, que yo fui el arquitecto de mi propio destino…”.

Recuerda que “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.