Es difícil empatar las decisiones institucionales con la política. A veces no se entiende dónde están los límites. Pero lo que es cierto es que en este país, lo público no se hace sin política. Lo podemos juzgar severamente o no, pero esa es nuestra realidad y con ella hay que coexistir.

En esos abismos, hay mucha oportunidad a la confusión, principalmente, por falta de transparencia o de explicaciones contundentes. En México, todo movimiento tal parece que se presta a especulación.

En esto pienso mientras está tarde renuncia el ministro Eduardo Medina Mora, justo en el momento posterior en el que la Suprema Corte de Justicia admite la controversia constitucional presentada por el gobernador de Nuevo León que permite que el Congreso de nuestro estado no lo sancione directamente por las “broncofirmas”.

El ministro presidente, Arturo Zaldívar acaba de escribir un tuit: “En relación con la renuncia del ministro Eduardo Medina Mora, estaré atento a las determinaciones que tomen el titular del Poder Ejecutivo y, en su momento, el Senado de la República”.

Pero además, salen a relucir las voces de la sociedad civil sobre la investigación por depósitos millonarios en Londres a la que está sujeto el ahora exministro, porque igual en el momento en que escribo, el presidente acaba de aceptar su renuncia.

¿Qué pasó ahí? No se puede dejar sin explicación para seguir en el país en donde no hay razones suficientes. Necesitamos una aclaración transparente. Dejan a la arbitrariedad de “pensar mal y muy mal” el tiempo que parece muy “anillo al dedo” en una decisión que afecta a Nuevo León y también al país dejando una vacante en una decisión histórica no vista antes.

¿Por qué renuncia un ministro al que todavía le faltan muchos años en un espacio tan deseado? Recordemos que Medina Mora ingresó a la Corte en marzo de 2015 y su periodo vencería en el 2030.

¿Por qué de esta forma, sin dar la cara y casi por la puerta de atrás? Algo no está bien. No parece “normal” y el “gato encerrado” nos está haciendo la misma jugada a la que nos acostumbramos las y los mexicanos: la de la confusión. Porque, como diría el dicho: “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

¿Piensa mal y acertarás? Necesitamos una explicación.