Narda y Claudia tienen 23 y 24 años, respectivamente. A su edad hacen una gran proeza: rescatan perros en condición de calle en Linares, Nuevo León. Con un gran sentido de responsabilidad sobre los seres vivos, se muestran orgullosas del trabajo duro que están haciendo en contracorriente.

Con lo que pueden y tienen han montado un refugio para perros en un terreno a las afueras del pueblo que rentan por mil pesos al mes para que ahí residan los animales rescatados y que nadie los pueda correr, pues algunos vecinos han mostrado molestia.

Ellas, en su gran nobleza, emprendieron este proyecto. Tienen ya casi 80 perros que cuidan, ya sea que están ahí en el refugio o bien en un hogar temporal. En la medida de sus posibilidades, hacen de todo (incluso vender postres los domingos u organizar rifas) para poder solventar los costosos gastos de recoger perros que, por el abandono, están en su gran mayoría enfermos cuando ellas los encuentran.

Aun con lo que implica tener esta actividad como un trabajo adicional, ellas están alegremente convencidas de que su vocación está cambiando la vida de los animales y eso es suficiente para exigir algo más que una ayuda, porque como dicen “ellas pueden solas”. Sin embargo, esto demuestra que es necesario tener gobiernos que no dejen en impunidad los casos de personas que maltratan animales y que invierta en programas de educación que permitan sensibilizar a la sociedad para que respete la vida de los animales.

Visitamos su proyecto y nos percatamos que hacen falta muchas cosas; no obstante, ellas están dando prioridad a los casos de enfermedades y heridas graves, eso lo constataron al mostrarnos fotos del “antes” y el “después”. Todo su esfuerzo se ve reflejado en perros que hoy están sanos, fuertes, felices y en espera de un hogar que los adopte.

A ellas –y a mí que tengo tres perritos: Txeru, Txiki y Cosmo– les preocupa que cada vez más personas son capaces de abandonar a sus perros: “La gran mayoría de estos perros tienen dueño”, dijeron. Cabe recordar que al abandonar a las mascotas se crea un grave problema de salud pública que poco se quiere reconocer, pero existe.

Sin temor a equivocarme, en varios municipios del país la historia se repite. Necesitamos hacer conciencia de la necesidad de tratar con dignidad a los animales, y de contar con presupuestos, instituciones y leyes suficientes para que ese trato sea una realidad en todo el país.

De momento, mientras seguimos luchando por los derechos de los animales desde el Senado, que esta columna sirva para reconocer públicamente a “Huellitas Linares” por la labor que hacen por los perritos. Gracias Narda y Claudia. Dos mujeres que decidieron hacer algo para evitar lo que nos duele: que haya perros padeciendo hambre, sed, crueldad y enfermedades. Ya decía Gandhi: “Un país, una civilización, se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”.

O como bien afirma Rosa Montero: “La conciencia animalista forma parte del proceso de civilización, y que cuanto más culta y democrática sea una sociedad, menos cruel será con todos los seres vivos”.

Menos cruel.