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Opinión

Hoy es Nochebuena, y como nunca antes, quienes profesamos la fe católica tenemos un significado muy grande del pesebre donde nació el Niño Jesús.

Un pesebre que en su humildad y pobreza albergó a quién partió la historia del mundo en un antes y un después con la fuerza y el poder del amor.

Hoy ese pesebre humilde abrazará como ningún otro las almas que buscan consuelo de millones de familias del mundo, y miles y miles de México, que esta noche tendrán una o más sillas vacías a causa de la más terrible pandemia de nuestras vidas.

En el pesebre estarán las madres que han enterrado a sus hijos, los hijos que han enterrado a sus padres o a sus hermanos. Estarán los amigos que han perdido a sus amigos, y todos aquellos que esta noche viven la angustia de un enfermo grave en casa o en el hospital, y claman un milagro.

Estarán las familias que perdieron a una heroína o héroe que desde el sector salud dan la batalla para salvar nuestras vidas con carencias, riesgos terribles, y en muchas ocasiones, con agresiones producto de la barbarie y la ignorancia.

Estarán miles de laboratoristas, enfermeras, enfermeros, doctoras, doctores, personal de limpieza, y todas y todos aquellos que urgen un receso, un poco de descanso, de aliento, porque están agotados.

Será ocupado por los miles de desempleados que hoy sufren para llevar un pan a su mesa. Miles de emprendedores buscarán esperanza tras cerrar las puertas de su micro, pequeña, mediana empresa, pese a las largas jornadas, múltiples riesgos, y el esfuerzo y sacrificio de generaciones enteras, por no contar con apoyos y ser despreciados por una autoridad que los convirtió en adversarios.

Esta noche el pesebre albergará nuestros miedos y abrirá espacio para pedir ayuda y consuelo. Estarán niñas, niños, adolescentes y mujeres que en esta pandemia han sido víctimas de una brutal violencia, que han sobrevivido los infiernos o han muerto en ellos.

Habrá inmenso dolor en el pesebre del Niño Jesús, pero también, dará cabida a quienes han optado por la empatía, la solidaridad, el trabajo a favor de quienes sufren pérdidas.

Estarán quienes sirven comidas calientes, los que se han reconvertido para mantener frente a la adversidad los empleos posibles y los que tienden una mano, porque esta pandemia nos sigue enseñando que conjugar en nosotros es el mejor camino.

Estarán madres de familia que agotadas por la jornada dan todo de sí, y padres que acompañan con amor y ternura a sus hijos. Maestras y maestros que lejos de abandonar a sus alumnos, están presentes enseñando matemáticas y geografía, pero sobre todo, el valor del compromiso y la pasión por educar.

Habrá inmensa gratitud en el pesebre de aquellas familias bendecidas con salud y con trabajo. Esta noche el pesebre estará desbordado por el dolor, la gratitud y el amor. Y en ese pesebre nos encontraremos todos como una sola comunidad y familia.

Deseo que esta Nochebuena Jesús nazca y esté en nuestras almas. Que tomados de su mano y de la mano de miles y millones más, decidamos un renacer en nuestras vidas.

Reciban un abrazo respetuoso, fuerte y solidario. Nos encontramos en el 2021.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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