Sin decir nombres, marcas, distribuidoras o streamings, en México (y seguro en otras partes del mundo, como en Estados Unidos, que de ahí probablemente estén copiando el modelo) hay un secreto que está a todas luces en el ámbito cinematográfico, que se ve y palpa, pero del que nadie se atreve a hablar de manera pública, pero en el cotilleo entre medios, prensa y demás allegados a la comunicación, es algo que ya nos tiene hasta la madre: Los influencers.

Vaya, no está mal que haya figuras públicas que vivan de hacer o vender un tuit o una publicación en Instagram, incluso, podría decir que un puñado de esta élite es cercano a mi persona, pero la gran mayoría de estas personas sólo son una fachada, viven para sus fanáticos, que a su vez alimentan el ego de estas celebridades.

El problema aquí que ya es prácticamente un foco rojo en la industria, es que precisamente los grandes estudios Hollywoodenses (y también los pequeños) están dando ventaja a estos “generadores de contenido” (sí, amigos, entre comillas, porque, por favor, seamos honestos, muchos de ellos sólo generan basura informática), al momento de que suceden eventos que se supone son para difundir, entrevistar o tener un acercamiento relevante a las películas, series o productos referentes al entretenimiento.

Me explico: Al menos en 2022, he asistido a mínimo cinco eventos en donde se reúne por igual a la prensa y a estos famosos, dígase, sobre todo, premieres de cine, y pues, a los influencers casi se les tiende una alfombra roja (en ocasiones así es), se les da el privilegio de quedarse en una sala IMAX, en ocasiones pasan primero o, peor aún, sólo se les hacen funciones exclusivas VIP para ellos.

Lo más ridículo que me tocó presenciar en una de estas exhibiciones especiales fue que a mitad de la película llegaron meseros a la sala VIP, y preguntaron a sus excelentísimas celebridades si es que deseaban más palomitas o sodas… quedé estupefacto.

No estoy pidiendo un trato preferencial para quienes podemos estar escribiendo en un periódico, pido equidad, que dejemos de endiosar a estas personas, porque, siendo honesto, varios de ellos ni siquiera son expertos en cine, no se dedican a ello o no tienen un interés legítimo por el séptimo arte, sólo son opinólogos de redes sociales.

Para quienes lean esta columna, bien se podrán dar cuenta que más que criticar una película, se analiza a profundidad, esto es, porque se busca tener un punto reflexivo en torno a ella, y ustedes se preguntarán: “¿Por qué?”, pues porque prefiero describir desde un punto de vista de la observación, además de que, como bien lo sabe la mayoría de la gente que me conoce, y no es ningún secreto, no soy periodista, estudié cine y he ahí porque el resaltar los valores estéticos del arte.

¿Realmente disfrutan viendo o escuchando a un inexperto acerca de cine, solo porque es famoso? Los invito a pensar en eso.

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