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Opinión
Nacional
Índira Kempis

Le escribo desde Monterrey, en mi idioma materno, el español, que es el mismo que usó en uno de sus videos para apelar al voto latino que concordará conmigo fueron parte de los votos decisivos para su cerrado triunfo. En estos momentos, algunos celebran la continuidad de su proyecto público por “Four more years”. Entre los abrazos de Michelle, quien se ha convertido en la esposa de un Presidente con uno de los mayores pesos políticos y mediáticos, su fotografía ha pasado a la historia como la más espontánea pero también icónicamente reutuiteada. Es tanto el frenesí que genera su carisma en estas redes sociales que la mayoría de los usuarios con los que mantengo contacto, comienza a intercambiar felicitaciones como haciendo el triunfo suyo. Es más, hay quienes vaticinan que la familia Castro podría emprender la misma ruta que los Obama y llegar a la Presidencia en los años futuros. 

Todo parece ser una escena de felicidad que no tardará en exhibirse en las revistas internacionales. Pero, probablemente, no sea la única que levante la mano para “interrumpir la fiesta”. Reconozco que no conocía su país hasta hace algunos meses. Por eso esta carta se la escribo con los prejuicios a un lado. Ese viaje me permitió entender que la historia es cambiante, que nadie –en primera persona del singular- tiene en sus manos la fórmula para solucionar los problemas y que estamos en un momento histórico en donde los funcionarios, empresarios y sociedad civil podemos abrir por lo menos la agenda pública de lo que nos es común e importante para ambos países. 

No obstante, parece que la tarea de al menos hacer este tema visible es tan titánica como la regularización misma. Pocos son los funcionarios públicos y políticos que están dispuestos a asumir los costos que el debate puede generar para los grupos de interés. No se tocó, de hecho, en su campaña. Estoy de acuerdo que no tiene una vara mágica ni esto es un pliego petitorio, pero algo sí puedo dejarle claro. En este país se está derramando sangre de forma indiscriminada e innecesaria. El problema, coincidirá conmigo, es multicausal y está directamente relacionado con nuestras propias políticas públicas, casos de corrupción, impunidad en la impartición de justicia, desigualdad, entre muchas otras. Pero de la misma forma, está ligado a esta negligencia de evadir el debate, al menos, del tráfico de armas que no sólo es el negocio del crimen organizado en nuestro país, sino que las armas que se quedan en su frontera también están llegando a las manos de sus propios niños y jóvenes. 

Probablemente, desde su oficina no sea visible lo que las historias de las calles de México cuentan a diario. Pero hay familias enteras afectadas por la guerra, ¿Se ha preguntado qué va a suceder con ellos y ellas en los “four more years”?, ¿Cuál cree que será el impacto en las esferas del poder de las conductas sociales de estas nacientes sociedades que son hoy producto de la guerra?

Sin ser la única voz que opina de esta manera, haciendo uso de las redes sociales, pregunté a mis contactos qué le dirían si participaran en la elaboración de una carta. Como no es una pancarta, omití los monosílabos con adjetivos que, probablemente, se imagina. No obstante, Iovana Ávalos, Juan Valiente, Celina Fernández, Carlos Garza y Paco Camm han presentado diferentes argumentos que aglutino en este cuestionamiento: ¿Hasta cuándo vamos a debatir abiertamente en la agenda pública de los Estados Unidos la regularización del mercado de tráfico de armas?

En un país donde es más barato matar que ir a la escuela y  por cada arma legal hay por lo menos cuatro ilegales, esa pregunta es tan válida como oportuna. En estos momentos donde el tráfico ilegal de armas es uno de los delitos que involucran a autoridades corruptas, esta pregunta amerita ser la “aguafiestas”. Si 7 de cada 10 latinos votaron por usted, la comunidad de mexicanos tendría que voltear a ver a su raíz fracturada para impulsar no sólo la reforma migratoria, sino este tema que está afectando seriamente la calidad nuestra calidad de vida. Francamente, considero que entonces, sólo entonces, podremos celebrar esa portada de revista que dará la vuelta al mundo, Mr. President Barack Obama.  


* Esta opinión no refleja la del periódico

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