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Opinión

Se insiste en construir un leviatán que se encargue del funcionamiento de la economía y de sus problemas sociales, sin que necesariamente sea más eficiente. 

Empezando por el funcionamiento técnico de este impuesto, surgen dudas sobre la eficiencia del mismo. Pensar que los ingresos extras percibidos por gravar dichos productos serán utilizados para financiar las enfermedades que (tentativamente) causan, podría parecer ingenuo. 

En la reforma no queda claro que el gobierno vaya a etiquetar los ingresos adicionales por este rubro para su canalización al gasto en salud; y el acontecer histórico no nos hace pensar que así será. 

Por otro lado, la idea de “el que lo hace lo paga” que propone el gobierno es contradictorio con el incremento de la base tributaria por medio de la creación de nuevos impuestos. 

Esto solo alimenta de más a un estado ineficiente; en todo caso debería promoverse la competencia de centros de salud (en particular los que atienden a la población de bajos ingresos), y buscar ingresos tributarios que no sean regresivos. 

Estos productos son consumidos en mayor proporción por las clases media y baja, ya que la alternativa de consumo de bienes más saludables generalmente es más cara. De este modo, el bolsillo de la gente con menos dinero se verá más afectado. 

Por otro lado, no queda claro que el consumo de estos alimentos sea el detonante de la obesidad. Un artículo publicado en The NY Times (http://nyti.ms/HVYUkC) explica a grandes rasgos que la flora intestinal podría ser un determinante más importante que los hábitos alimenticios. 

Llevando a cabo un análisis más profundo sobre el problema de obesidad y diabetes podrían atacarse las verdaderas causas, no tomando medidas que pueden distraer temporalmente la gravedad del asunto.

En fin, este impuesto comprueba la falta de análisis tanto en la propuesta del ejecutivo como en la reflexión del legislativo. 

Así como sin titubear cancelaron las propuestas de gravar la vivienda y la educación por falta de popularidad (no que hayan sido buena idea en un principio), pasaron el IVA “a favor de la salud” meramente porque representa un ingreso adicional sin costarle mucha popularidad al gobierno.

El pragmatismo que se le celebró al presidente cuando inició el sexenio puede terminar por engordar más al “ogro filantrópico”, el cual será difícil poner a dieta en un futuro cercano.  El gobierno federal no ha podido establecer con estudios contundentes que el consumo de refrescos sea el detonante de la obesidad.


* Esta opinión no refleja la del periódico
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