Esta palabra proviene de “creer” y, sin ahondar en etimologías, es muy importante comprender que en el mundo financiero se utiliza como sinónimo de “prestar”, lo que a todas luces deja en claro que se debe “pagar”. Parece obvio, pero para las personas que llegan a endeudarse no siempre lo es.

Hasta la saciedad digo y escribo que los créditos más allá de ser buenos, son necesarios, siempre y cuando se sepan utilizar. Un dato escalofriante de mis pesquisas estadísticas nos dice que de la gente que está “hasta el cepillo” de deudas, solamente el cinco por ciento llegó a esos niveles por alguna razón de urgencia, como pueden ser enfermedades, accidentes, pérdida de empleo y algunas otras razones de contingencias reales. Haciendo cuentas básicas concluimos, entonces, que el noventa y cinco por ciento restante de quienes deben hasta el suspiro, llega a esas instancias por darle gusto al cuerpo todo el día y todos los días.

Una buena pregunta es ¿qué haces con el dinero? Creo adivinar: comer, beber, parrandear, vestir, calzar, vacacionar, comprar porquería y media… ¡Uff!, la lista es interminable. Sé que puede sonar muy desgraciado el siguiente refrán: “el que siembra vientos, cosecha tempestades”, pero es una certeza absoluta que si te endeudas por placer sufrirás las consecuencias. 

Hace algunos años me llamó un buen amigo que es un connotado periodista mexicano y me pidió asesorar a su exsecretaria quien acababa de ser despedida; evidentemente le dije que con mucho gusto.

Al día siguiente me llama la susodicha y desde que se presentó noté un tono de enojo, por no decir furia. Me puse a sus órdenes y para mi sorpresa, imitando al dragón de la Cólquida, silbó estruendosamente: “dígale al banco xyz que no me cobre, pues estoy desempleada…”.

Casi me traga cuando le expliqué que le podía ayudar a una reestructura, pero que sí tenía que pagar. Podíamos pedir plazo, reducción de intereses, pagos fijos, pero hasta ahí. También le aclaré que yo no era dueño del banco para decidir y que, aunque lo fuera, no había una razón lógica para perdonar los consumos que había realizado. Prácticamente me colgó y seguro pensó que yo “valía pa’ pura m…”. Esta historia de la vida real es la de mucha gente que se siente ofendida cuando le cobran. Vamos, parece un insulto y no asumen su responsabilidad.

Si buscas una vida financiera inspirada en el más puro de los hedonismos, seguro pagarás las consecuencias.

Haz del crédito un aliado, no una hidra de Lerna.

Recuerda que “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.