Con toda mi alma, quiero a mi país, porque es aquí donde nací, quiero a mi estado y al pueblo donde crecí.

Quiero a mi planeta, porque es aquí donde convivo con la humanidad y millones de especies vivas.

En el micro y en el macro cosmos, ocupo un espacio en esta embarcación planetaria, sobre la que navegamos juntos la humanidad por el universo, compartimos origen y destino.

Quiero y amo la vida, porque me da la oportunidad de aprender, contribuir y ser feliz.

Quiero a mi México lindo y querido, con habitantes portadores de altas aspiraciones y valores morales dispuestos a aprender, servir y convivir en armonía.

Requerimos habitantes que no consientan conformarse con ser parte de una comunidad mediocre y depredadora, pensando que, ese es su inevitable destino fatal.

Nuestro entorno es un altar, así lo debemos venerar.

Necesitamos una población con buena dosis de confianza personal y otra más, de amor por la vida. Nuestro mayor patrimonio es la existencia.

Somos vecinos que queremos lo mejor, porque lo merecemos, millones de personas tenemos plena disposición para lograrlo.

Aspiramos ser una comunidad de hombres y mujeres responsables, constructores permanentes de la mejor sociedad, con sentido de pertenencia, unificada, con valores que nos empoderen, con poblaciones íntegras, responsables y unidas, dispuestas siempre, a cumplir con sus deberes ciudadanos, y representados por gobiernos con autoridad moral.

Queremos un país donde la política sea factor de unidad, orden, disciplina, trabajo, fraternidad, claridad de rumbo y suma de voluntades.

El futuro que queremos, deberá constituir nuestra agenda para hoy, es decir, agendar hoy mismo, lo que necesitamos hacer, para conseguir el futuro deseable para todos.

No basta querer, hay que hacer.

Acostumbrarse a lo que no queremos, provoca una prolongada y dolorosa enfermedad.

Me alegra estar cerca de mujeres y hombres que tienen la mirada puesta en el futuro deseable, con optimismo y voluntad de acero para construirlo.

En estos tiempos pre-electorales, para el estado de México y para el país, es un momento estelar

porque estamos discutiendo y decidiendo el futuro de nación que queremos, para nuestras comunidades, en la que están incluidos nuestros hijos.

Es un momento sagrado para la reconciliación, para serenar los ánimos, para dejar a un lado la denostación y el odio y comenzar por practicar la reconciliación y el entendimiento.

Uno no hace las paces con nuestros amigos, la verdadera paz y reconciliación, es la que se hace con los enemigos.

La reconciliación inteligente «intelligent reconciliation»

es la que se hace con anticipación, para evitar un desbordamiento pasional, que provoque un lamentable estallamiento social.

La incapacidad de llegar a un acuerdo, solo representa un rotundo fracaso

En una sociedad plural y diversa como la nuestra es conveniente reconocer que democracia, te garantiza no sólo el derecho a ser iguales, también el derecho a pensar y ser diferentes.

La democracia, permite conquistar el poder con soluciones y propuestas, con visión de futuro, ejercer el poder, con el impulso del consenso y la autoridad moral suficiente, con civilidad y humanismo.

En contraparte, sin democracia, solo queda arrebatar el poder, depredarlo, ejercerlo autoritariamente, sin importar nada más que la incontenible ambición de poder de quien lo detenta.

Los ciudadanos no debemos ser más espectadores indignos.

Requerimos labrar el camino, en tanto que, lo que hoy hacemos es, o bien, el regalo de un futuro deseable para las generaciones venidera, o un destino fatal.