No son pocas las personas que me han llamado para expresarme su preocupación acerca de lo que está sucediendo en el Estado de México y de lo que no se hace para evitar una catástrofe política, es decir, que el gobernador del Mazo entregue la estafeta a la candidata de morena.

En comunicación política todo cuenta, lo que se dice y lo que se calla, lo que se ve y lo que esta oculto. En todos los casos, el efecto que producen los mensajes políticos pasa por la interpretación de los receptores. La comunicación empodera a la gente, o la debilita, según sea la intención de quién comunica.

Lo cierto es que, los hechos que dañan la moral de los priistas en el estado de México abundan. En el ámbito nacional, el PRI experimenta el peor momento de su historia y el priismo local, tal parece que está abandonado a su suerte.

La desinformación conduce a la confusión.

La falta de una narrativa convincente que oriente y estimule a la militancia, los hace vulnerables ante la sociedad de la que son parte, y merma sus posibilidades para combatir en la contienda.

En meses anteriores se escribió y dijo tanto sobre la imperiosa necesidad de constituir una alianza opositora para estar en condiciones de competir con éxito, –estrategia con la que estoy totalmente de acuerdo– sin embargo, en los últimos días, parece que el comité ejecutivo nacional esta más interesado en la ruptura, que, en su consolidación.

Por su parte, en territorio mexiquense, se proyectan ciertos mensajes de coordinación y armonía con el gobierno federal y su partido, en lugar de recomendaciones de ánimo y fortaleza para sus propias estructuras.

Ante tales hechos, lo que se comunica desde el CEN como de Lerdo, resulta conveniente reconocer, que provocan confusión, furia, desánimo y sentimientos anticipados de derrota, entre sus partidarios.

Por si fuera poco, si los responsables de las grandes decisiones siguen retrasando los acuerdos, cuando resuelvan, podrá ser demasiado tarde, para constituir la fuerza necesaria para triunfar.

Ciertamente se requiere mucho trabajo. Lo que está en juego, no es cualquier cosa, es el futuro de millones de familias mexiquenses. Por tanto, es preciso reagrupar fuerzas y voluntades en todo el territorio. El descuido de las bases es perjudicial.

Cuando los militantes sufren el abandono de sus lideres, se pervierten, convirtiéndose en víctimas de rumores y manipulación, pierden ánimo y lealtad.

En contraparte cuando los equipos alcanzan sus objetivos, es porque tienen líder, claridad de rumbo, visión compartida, corresponsabilidad, lealtad, convicción en el triunfo y la suficiente perseverancia para remover obstáculos y alcanzar el triunfo.

No hay más tiempo que perder.