La marcha celebrada el pasado domingo 13 de noviembre en la capital del país y en 60 ciudades más de la república, es una clara evidencia del poder ciudadano, que cuando sale del guardarropa de la indiferencia, retumba en la conciencia nacional y produce cambios trascendentales.

Ferguson afirmó; «que no hay idea más peligrosa que creer que el gobierno resolverá todos nuestros problemas». Pensar de esta manera, es renunciar a la capacidad de los individuos, para decidir qué hacer con sus propias vidas, peor aún, en el entendido, que el mayor patrimonio que una mujer u hombre pueden poseer a lo largo de su existencia, es su vida, por tanto, dejarla en manos de cualquier gobierno, tercera persona o interés, simplemente es temerario. Lo mismo sucede con el destino de las sociedades. Dejarlo en manos, exclusivamente en manos del gobierno en turno, es imprudente.

Los ciudadanos no podemos  ceder el timón de nuestras vidas  y solo esperar resultados.

Ciertamente, los gobiernos electos democráticamente como el nuestro, son depositarios de la confianza ciudadana para gobernar el país, es decir, para organizar y conducir el esfuerzo de todos los mexicanos, resolver los grandes problemas nacionales, sentar las bases constitucionales mediante políticas públicas adecuadas, para alcanzar el estado de bienestar social que satisfaga las necesidades y aspiraciones de los habitantes del país, al mismo tiempo que genere las oportunidades suficientes para encausar a la nación hacia los mejores niveles de progreso social para toda la población, con democracia, libertad, justicia, un sólido estado de derecho y con absoluto respeto a sus derechos humanos.

Un gobierno es responsable por excelencia de procurar el bienestar y progreso de la población en todos los campos de la vida pública. Deberá hacerlo con estrecha comunicación, diálogo y consenso con la sociedad que representa, para lo cual requiere fomentar la democracia participativa real y no la cancelación de derechos democráticos de la población.

El INE sabe contar los votos, es un instituto ciudadanizado. Porque el INE está operado por millones de ciudadanos que han vigilado las elecciones y contado los votos.

Elecciones y alternancias presidenciales, miles de elecciones municipales, distritales locales y federales, Por tanto, el gobierno federal deberá ser, el principal procurador de la unidad nacional, bajo la base de la confianza plena, autoridad moral, así como en la práctica del respeto recíproco y la corresponsabilidad.

La diversidad cultural, la pluralidad democrática, el respeto a las minorías y la alternancia, aún en los momentos más difíciles de nuestra historia, nos han consolidado como nación.

La manifestación del domingo 13, es un llamado, una forma de decir, queremos ayudar a construir la mejor nación para todos los mexicanos con inclusión, democracia, libertad y respeto a nuestros derechos humanos. Queremos un INE ciudadano que siga contando los votos, que los cuente bien, que garantice las alternancias, en paz social, respetando las minorías, la pluralidad del pensamiento y la acción política.

No queremos un INE reformado a modo de los intereses del gobierno, fácil de manipular, donde un Martí Batres cualquiera, se ocupe de manipular los votos y sancionar, bajo su inconfesable intención, la voluntad sagrada del pueblo de elegir a sus gobernantes.

Este es momento para que los ciudadanos rescaten el poder que naturalmente se concentra en ellos. Reconstruir la unidad nacional, fomentar la cooperación, extender la solidaridad humana y el fortalecimiento de las instituciones nacionales, que nos garantizan orden y progreso.

No hay duda, este 13 de noviembre, no fue un domingo cualquiera en la vida de cientos de miles de ciudadanos de conciencia activa, quienes con profundo amor a México salieron a las calles, para entonar el Himno Nacional, hondear la bandera de todos los mexicanos, para honrar y salvaguardar, el futuro de nuestros hijos.